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Déjà vu

Muy triste resulta que Colombia regrese a las circunstancias de hace años, donde reinaba el horror y la tragedia como consecuencia de frecuentes actos de terrorismo. Éramos presa general del pánico, los actores violentos nos arrinconaron y hoy, lamentablemente, parece que volviéramos a tiempos de guerra.

Sin importar las razones de este sitio criminal, se reclama de la autoridad un despliegue efectivo que nos devuelva la tranquilidad.

Increíble que los efectos de la nefasta pandemia del COVID-19 ahora se repliquen, estamos confinados gracias al miedo producto de los hostigamientos, una nueva ola del peor de los virus nos ataca y hace mutaciones constantes y agresivas, donde los protagonistas son el odio y la maldad.

Este déjà vu es lamentable, representa volver a épocas donde en cualquier esquina se encontraba la desgracia. La delincuencia no da tregua y como siempre la población recibe la peor parte, devastación, miseria, abusos y muertes. Dicen los medios nacionales que cada 30 minutos se da un raponazo callejero, lo cual no tiene discusión, es tan evidente que pasa en nuestras narices, las ciudades son nichos de la delincuencia y probado está que la represión legal no es la respuesta idónea.

Las problemáticas actuales no se sofocan con discursos populistas, mucho menos deben ser el apoyo de oportunistas que traman y exponen una historia acomodada detrás de la tragedia del país, pretendiendo sacar el mayor rédito. Solo en el caso del “paro armado” por la captura, encarcelamiento y extradición de alias Otoniel se han tejido variedad de hipótesis dependiendo del interés y la imaginación del opinador de turno. Se dice que el cabecilla se entregó, que no fue captura, que sí lo fue, que prefieren que hable, pero lo quieren callar, que había un pacto con el gobierno en el que pretendían impunidad o una justicia y centro de reclusión más severo, que demoraron en extraditarlo y también que lo hicieron tan rápido, que incluso la prontitud frustró una entrevista en medios de comunicación, etcétera.

La realidad es que este señor fue aprehendido con vida y así se mantuvo; habló ante la JEP y otras autoridades y, por ser un delincuente peligroso, tenía serios requerimientos de extradición por parte de la justicia norteamericana, que a la postre será la única garantía de que no viva de fiesta en prisión o procure una fuga, como lo hizo alias Matamba. Y, si realmente quiere colaborar con la verdad allá podrá hacerlo con más tranquilidad como ha sucedido con la mayoría de extraditados.

Lo único cierto es que en Colombia repetimos periódicamente las historias de sangre y devastación, pero, además, todas las circunstancias son aprovechadas por los politiqueros mientras que la verdad se hace cada día más esquiva, no sabemos con certeza quién y con qué fin estimula el terror que nos amedranta.

*Abogado.

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