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Candidatos y cándidos

Los competidores, de derecha e izquierda, no escatiman en gastos. Emplean toda clase de triquiñuelas y artilugios. En un hermoso día soleado, con un cielo limpio y claro se desarrollan todo tipo de componendas para lograr el favor de cada votante. Lo que debía ser un proceso honesto es en realidad una tosca trapisonda en la cual la corrupta compra de votos se amalgama con la burda venta de consciencias. Pero, además, hay otras triquiñuelas como prohibir el paso a posibles votantes del partido contrario o manipular y trasladar a todo tipo de minusválidos y/o enajenados con alcohol, para hacer sencillo el cambio en el voto a último momento. La democracia convertida en un perverso proceso mercantil. Lealtades, intereses e ideales tan volubles que un parlamentario pasa de una a otra facción acorde al mejor postor en dinero, obsequios, una mejor posición en la administración o un empleo de pacotilla. Lo anterior ocurrió en realidad hace casi 300 años en un pequeño condado inglés. La bandera azul de los unos y la naranja de los otros fueron el nacimiento, sin sentido, de los colores de los partidos. Por esas calendas solo podían votar los hombres. Y no todos, solo aquellos que tenían una propiedad absoluta de 40 chelines. Así, solo había 4.000 posibles electores. Hoy se sabe que los tories ganaron pues gastaron más de 20.000 libras esterlinas, mucho más que los perdedores. Con ello adquirían desde el apoyo de un elector hasta el favor del rey. Dada la gran volubilidad de candidatos y electores lo constante era el patrocinio, una forma elegante de llamar a la corrupción.

Hace más de 200 años, cuenta la historia, las discusiones eran tan acaloradas y apasionadas en la “sala del juego de pelota” que alguien decidió evitar más altercados y organizó estratégicamente a los opositores según sus afinidades. Así, de un lado, en las sillas a la derecha del presidente de la asamblea sentaron al grupo de leales a Luis XVI. Entre tanto, en las sillas de la izquierda ubicaron a los revolucionarios. Así, dicen, nacieron los conceptos de derecha e izquierda en política.

A menos de dos meses de las elecciones, se ve de todo, mañas y artimañas para lograr más votos, pero bueno, todo está inventado.

Lo cierto es que los colombianos tenemos una larga lista de opciones en el amplio espectro del arcoíris de colores y posiciones desde la extrema derecha hasta la ultraizquierda. Sin embargo, puede que ni los colores ni las posturas, como hace siglos, tengan nada que ver con las verdaderas intenciones del candidato y su partido. Hasta razón tendrían, en contravía de lo anterior, Leibniz y Cándido cuando dijeron que “vivimos en el mejor de los mundos posibles”.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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