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Bejucos en la primera vuelta

El análisis de resultados de las elecciones del domingo se asemeja a lo que ocurre en las graderías del estadio metropolitano de Barranquilla cuando termina un partido de la Selección Colombia: las interpretaciones son directamente proporcionales al número de espectadores, y los pronósticos oscilan entre el optimismo y la catástrofe. Entretanto los jugadores vencedores se embriagan de emoción, los perdedores bajan la cabeza mientras piensan en una nueva oportunidad; unos más quisieran despertar de la pesadilla jugando en otro equipo, y no pocos apelan a la teoría de “perder es ganar un poco”.

Tras revisar los análisis de las tribunas, escuchar comentarios de ganadores y perdedores, para cotejarlos con mis propias percepciones despojado de pasiones ideológicas o partidistas, soy de quienes consideran que lo ocurrido el 13 de marzo fue un “empate técnico” entre la llamada renovación política y la tradicional maquinaria electoral.

La jornada se podría resumir en un significativo avance de la izquierda, un desmoronamiento del centro, y un fuerte retroceso de la extrema derecha, en lo que tiene que ver con las consultas interpartidistas, pero en cuanto a conformación del Congreso, es evidente que a pesar de la conquista de 16 curules del Pacto Histórico en el Senado y 25 en la Cámara, más algunas caras nuevas, el dominio del poder legislativo sigue estando en manos de las grandes maquinarias políticas.

Ello podría ser el reflejo de un país que se acostumbró a convivir con esa dinámica política, que se me ocurre comparar con los desplazamientos del mítico Tarzán en la selva, quien se impulsa con fuerza pero no suelta el bejuco, hasta no agarrar firme el siguiente. Ello explicaría por qué la votación en las consultas fue menor que la depositada por los candidatos de estas al Congreso.

Esa dinámica selvática también se impondrá en la primera vuelta presidencial, donde a cada quien le corresponde identificar y agarrarse de su “bejuco” más cercano, conformando alianzas y coaliciones. Algunos como Germán Vargas Lleras tendrán que quedarse con un pie en el aire en su propia enramada, por no encontrar garantías de movilidad, otros caerán para que avance uno de los suyos, como lo hizo ayer Oscar Iván Zuluaga en favor de Fico, y un indeciso ganador confiará en que “chita” le haga un gesto que le indique quién y en qué bejuco le conviene montarse para salir del centro de la jungla electoral.

Quienes hoy se sienten como el rey león no podrán desestimar el ruido en los matorrales; su ventaja no es absoluta; probablemente tendrán que aliarse con otras “especies” para consolidar el poder. El Pacto Histórico ya conoce su “techo”, y solamente logrará superarlo sumando, además de sus aliados cercanos, a otras fuerzas políticas de comprobado caudal electoral. Algo así como un “bejuco liberal”.

El pulso entre derecha e izquierda tendrá ahora matices. Ojalá implique una moderación de los extremos y por consiguiente un tránsito de la polarización al verdadero debate democrático.

Adenda: Independientemente de los intereses y sectores que representen, exalto a tres de las mujeres que lograron notorios triunfos en la contienda electoral: Karmen Ramírez Boscán, una wayuu que conquistó la representación de los colombianos en el exterior en la Cámara; Nadia Blel, la senadora con más alta votación del partido conservador, y Dorina Hernández, la primera palanquera en llegar al Congreso de la República.

*Asesor en comunicaciones.

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