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La ilusión de los niños afganos se derrumba tras un año de poder talibán

La llegada de los talibanes al supuso la vuelta a Afganistán de la interpretación más estricta de la ley islámica o sharia.

Cerca de cumplirse un año desde que los talibanes tomaron Kabul, la situación de los niños y niñas de Afganistán se ha agravado en casi todos los ámbitos, con un 26 % de las menores mostrando signos de depresión, mientras que el 33 % de los estudiantes asegura no poder regresar a la escuela.

Afganistán “es uno de los peores lugares en el mundo para ser niño”, afirmó este miércoles la directora global de Save the Children Internacional, Inger Ashing, en un encuentro virtual con motivo de la presentación de un informe sobre el estado de los menores afganos tras un año bajo mandato talibán.

En lo relativo a la educación, son las estudiantes de secundaria quienes encuentran los mayores impedimentos, y el 46 % aseguró a la organización internacional que no van a clase, en comparación con el 20 % de los chicos de su misma edad.

Sin embargo, las causas esgrimidas por ambos grupos son totalmente opuestas, y es que las niñas aluden al cierre de los colegios de secundaria femeninos o a las restricciones culturales o familiares como la principal razón de su desescolarización, mientras que los niños que abandonan la escuela lo hacen para ayudar en casa o trabajar.

Esta situación es todavía más grave en provincias como la meridional Kandahar, cuna del movimiento talibán, donde el 46 % de los niños no puede acudir al colegio.

La llegada de los talibanes al poder el 15 de agosto de 2021 supuso la vuelta a Afganistán de la interpretación más estricta de la ley islámica o sharia, que derribó por completo los derechos que las mujeres afganas habían logrado alcanzar en los últimos años.

Pero el ascenso de los fundamentalistas también provocó el aislamiento del país, con el resto de la comunidad internacional dando la espalda al nuevo Gobierno talibán, y aplicándole sanciones económicas que revirtieron en el grueso de la población afgana.

Así se entiende la grave crisis humanitaria y económica que atraviesa Afganistán desde entonces, con solo un 3 % de la población asegurando tener dinero para cubrir sus necesidades básicas, según el informe.

Esta falta de capacidad financiera empujó en el último año a muchas familias a usar a sus hijos como fuente de ingresos, llevando a un 22 % de los menores a trabajar en Afganistán, la gran mayoría chicos.

Afganistán “es uno de los peores lugares en el mundo para ser niño”.

Inger Ashing, directora global de Save the Children Internacional.

En el caso de las chicas, el matrimonio infantil es una de las soluciones para las familias que no disponen de recursos para aliviar sus gastos y lograr que alguien cuide de ellas, y el informe menciona que un 5,5 % de las menores han recibido peticiones de matrimonio.

La falta de alimentación también fue uno de los problemas que achacaron la mayoría de niños, con un 88 % de los mismos afirmando comer menos que antes de la llegada de los talibanes, y uno de cada diez asegurando irse frecuentemente a la cama con hambre.

Unos problemas que se trasladan a la salud mental, y que provocó cuadros de depresión o ansiedad en una de cada cuatro niñas afganas, y en cerca de uno de cada cinco niños.

Ante esta situación, Ashing pidió a la comunidad internacional no dar la espalda a la crisis afgana, y rogó a los donantes continuar proporcionando ayuda al país asiático, en un momento en el que la invasión rusa de Ucrania ha cambiado la dirección de las donaciones hacia el país europeo.

Solo así se podrá poner fin a la que es una de las peores crisis ha vivido el país asiático, con millones de niños en riesgo de desnutrición, y miles de familias perdiendo a sus miembros más jóvenes por la falta de alimentos, sentenció.

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