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Alergias: cuatro exámenes para detectarlas

Diversos métodos determinan cuáles son los alérgenos que provocan reacciones adversas en los pacientes. Hay ciertas indicaciones para realizarlos.

Si presenta síntomas como lagrimeos, enrojecimiento en los ojos, tos seca, dificultad respiratoria, rinitis o ronchas en la piel, entonces es muy posible que su cuerpo esté reaccionando de forma adversa a determinada sustancia, en un caso de alergia leve.

No espere a que le dé una crisis atópica que exacerbe estos males y lo obligue a ir al hospital para confirmar sus sospechas: hay exámenes que le ayudarán a salir de dudas. Le puede interesar: Cuando los alimentos producen alergia.

Hay varias opciones que emplean los médicos con aquellos pacientes que refieren signos asociados con las alergias. Le presentamos cuatro de ellos:

1. Prueba cutánea: es la más sencilla y la más común. Consiste en colocar una gota del posible alérgeno en la piel, punzar el área con una jeringa y esperar unos 15 minutos. Se considera que da resultado positivo cuando se forma una pápula (especie de roncha) de 3 milímetros de diámetro o más, acompañada de enrojecimiento, urticaria y otros síntomas. Aunque la medición normalmente se hace con una regla, también se han desarrollado escáneres en 3D para hacer lecturas más precisas.

2. Prueba intradérmica: se realiza únicamente en casos donde los resultados de la prueba cutánea no sean concluyentes. El alérgeno se inyecta, en una concentración más diluida, directamente bajo la piel a través de una jeringa tipo insulina. Se esperan 15 minutos, o hasta 6 horas si hay reacciones tardías, y el resultado positivo produce erupciones, ya sean habones (con diámetro mayor a 5 milímetros) o eritemas (diámetro mayor a 10 milímetros). Esta prueba tiende a evitarse, debido a que conlleva el riesgo de inducir un choque anafiláctico en el paciente.

No espere a que le dé una crisis atópica que lo obligue a ir al hospital para confirmar sus sospechas de alergia: hay exámenes que le ayudarán a salir de dudas.

3. Prueba epicutánea: en este examen, se colocan parches que contienen antígenos en la espalda del paciente durante 48 horas. Transcurrido ese tiempo, se hace una primera lectura y una segunda a las 96 horas. Los síntomas experimentados durante este examen pueden incluir fiebre, malestar general, ronchas, urticaria, dolor, irritación de la piel o asma. Al igual que en el caso de la prueba intradérmica, el paciente debe estar bajo supervisión constante, debido a que existe el riesgo de provocar anafilaxia.

4. Immunocap: es la más reciente y avanzada de las pruebas. En ella, una máquina determina la presencia o no de anticuerpos alergénicos a partir de una muestra de sangre del paciente. Con esto, se puede efectuar un perfil muy completo de las alergias de cualquier ser humano. Su principal inconveniente es su elevado costo.

Recomendaciones

Debido al riesgo latente en muchas de estas pruebas, el doctor Javier Marrugo Cano, inmunólogo, aclara que no es recomendable aplicarlas de manera descuidada con el objeto de “adelantarse” para prevenir un posible episodio. En lugar de eso, recomienda “disminuir la exposición al polvo y a la piel de los animales domésticos en el caso de los niños pequeños, con antecedentes familiares de enfermedades atópicas”.

Por otro lado, un modo de proteger a los menores del desarrollo de alergias, incluso desde antes que nazcan, es a través de “la exposición a ambientes rurales altos en biodiversidad, así como una alimentación sana y variada, rica en polifenoles y carotenides (presentes en muchas verduras, frutas y granos), como, por ejemplo, la dieta mediterránea”, explica el doctor Marrugo Cano. Puede leer: Alergias, enemigas de la tranquilidad.

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Alergias más comunes
Organizaciones como la OMS y el National Health Service de Inglaterra estiman que entre un 25 % o un 30 % de la población mundial experimenta una enfermedad alérgica de algún tipo. Las más comunes son el polen, el pelo o la piel de los animales, los ácaros, los frutos secos como el maní, los mariscos, el látex, los medicamentos antiinflamatorios no esteroideos o AINE (ibuprofeno, aspirina y demás), algunos antibióticos y las picaduras de insectos.



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