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Metas clara, una estrategia para tener éxito al aprender idiomas

Convertir la nueva lengua en un escalón para alcanzar sus objetivos le ayuda a mantenerse motivado, pero hay otros factores a considerar.

Aprender inglés, francés, mandarín, coreano y cualquier otro idioma puede ser un reto, por varios motivos: no saber por dónde empezar, métodos de aprendizaje que no le funcionan o modelos de enseñanza genéricos en el colegio, que son confusos o insuficientes.

Para aprender a tener un conversación básica en otra lengua es necesario disponer de tiempo, pues dos horas a la semana o una vez cada tanto no es suficiente. Pero, lo más importante, es tener un objetivo. Sin importar dónde o cómo planea aprender ese nuevo idioma, esta estrategia lo ayudará.

Motivación y metas

Sin una motivación clara, es poco probable que el hablante se dedique seriamente a avanzar en el aprendizaje de la lengua de su interés. Entre más poderosa, personal y duradera sea, más probable será que el estudiante aproveche su tiempo y tenga éxito.

¿Quiere estudiar inglés para tener mejores oportunidades de trabajo? ¿Para leer cómics y libros o jugar videojuegos en su lengua original? ¿Para vivir en otro país? ¿Para entender la música que escucha sin traducir la letra? ¿Para leer investigaciones que complementen su área de trabajo?

Los motivos son muy variados, pero todos son útiles, porque son el punto de arranque que necesitará para comenzar a estudiar y plantearse metas concretas, que puede ir cumpliendo poco a poco. Le puede interesar: Aprender inglés y habilidades blandas ¿cómo se relacionan?

¿Qué estudiar?

Supongamos que quiere saber inglés porque tiene familia en Chicago y le interesa irse a trabajar allá. Esa sola situación le sugiere toda una variedad de objetivos: aprender cómo preguntar por vacantes, conversar sobre temas claves en una entrevista de trabajo, intereses de futuros amigos o colegas, entre otras muchas posibilidades.

En este escenario, los elementos de la lengua que más le conviene ir aprendiendo serían, por ejemplo, los pronombres personales, algunos verbos comunes, preguntas y frases del día a día, algunos conceptos relacionados con el paso tiempo, objetos con los que nos encontramos en la cotidianidad y emociones. Todo esto junto con cuestiones puramente lingüísticas, como el orden de la frase y las maneras de expresar los tiempos verbales. Lea también: Los beneficios de aprender otro idioma.

Método: intensivo e interactivo

Poco a poco, a punta de inmersión, estudio individual e identificación de patrones se aprende todo eso y más, especialmente si se trata de niños. En lo que respecta al modo, busque uno acorde con sus horarios, su ritmo y sus inclinaciones en el aprendizaje. Si prefiere que le expliquen en video, hay muchos cursos en Youtube; si prefiere el texto, también hay opciones a las que puede acudir, tanto en línea como en las librerías. No tema andar con diccionarios portátiles y revisar sus errores.

Lo importante del método que escoja es que le dedique varias horas al día y a la semana, además debe encontrar maneras de poner en práctica lo que aprenda para reforzarlo, porque las lenguas son un asunto de aplicación y repetición. No importa que sea con usted mismo (es decir, pensando en otra lengua), hablando con alguien más (sea en vivo o por mensajes de texto), leyendo o escribiendo, simplemente asegúrese de tener cómo practicar.

Un último consejo, sobre todo si aprende una lengua para viajar, estudiar en el exterior o buscar trabajo, es certificar su dominio de la misma, cuando ya haya alcanzado un buen nivel, a través de exámenes estandarizados internacionales. En el caso del inglés, estos incluyen el APTIS (el examen del British Council), el IELTS y el TOEFL (estos últimos exigidos por muchas academias de Estados Unidos).

Colombia: dominio bajo en inglés
De acuerdo con el Índice Education First de nivel de inglés, Colombia está en el puesto 81 de 112 naciones evaluadas con un puntaje de 465, lo cual la ubica en el rango de “Dominio Bajo”. Esto representa un aumento de 17 puntos respecto al informe de 2020 (448), pero sigue siendo uno de los más pobres de la región: solo por encima de Ecuador (440), México (436) y Haití (403), muy por debajo de Argentina (556), Bolivia (524) y Cuba (521).

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