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Expresión oral y escrita: consejos para superar el temor a comunicar

Estas habilidades son indispensables en la formación superior, sin importar el tipo de carrera que curses. Ciertas estrategias permiten reforzarlas.

Para ensayos, exposiciones, ponencias, investigaciones y hasta en la sustentación de la tesis se requiere cierto nivel de expresión oral y escrita, que permita a los estudiantes comunicar de forma adecuada las ideas, a la altura del contexto universitario.

Pero adaptarse al lenguaje formal y, en ciertos casos, el bagaje técnico que exige la academia, aplicando todos los rigores del lenguaje resulta intimidante para muchos estudiantes, especialmente si durante su educación básica y media no obtuvieron las herramientas necesarias para desarrollar estas habilidades.

Algunas universidades pretenden solucionar esta situación a través de cursos de nivelación para cubrir estas falencias, pero estos intentos no siempre son exitosos debido a que superar las barreras de la comunicación requiere de dedicación, tiempo y mucha práctica.

Pero no todo está perdido, para aquellos estudiantes que se sienten limitados a la hora de comunicarse hay algunas estrategias para poner en práctica y lograr desenvolverse mejor en la escritura y la expresión oral. Sin importar el área del conocimiento a la que se dedique, estos consejos le serán útiles.

1. Argumentar y reflexionar con otras personas sobre diversos temas: todos tenemos opiniones que compartimos con amigos y familiares, pero ¿qué tan válidas son? ¿En qué están sustentadas? ¿Sabemos lo suficiente del tema como para sostenerlas sin asomo de dudas? Este tipo de preguntas, perfectamente aplicables a muchas conversaciones cotidianas, son la introducción a lo que es la base del mundo académico: la argumentación.

En este sentido, el escritor y periodista cultural, Orlando Oliveros Acosta, afirma que “a los estudiantes se les debe despertar el sentido crítico de todo cuanto ocurre a su alrededor, activarles la insaciable curiosidad que tienen los niños antes que la adultez les duerma la pasión por preguntarlo todo. La teoría viene después: el método científico, la estructura de un argumento, el riesgo de las falacias, todo ese conocimiento no sirve de nada si antes no hay en ellos una necesidad por contar y cuestionar su realidad”. Le puede interesar: 5 puntos que te ayudarán a mejorar tu redacción.

2. Escoger un tema que le interese y leer publicaciones relacionadas: la vida universitaria y académica requieren, continuamente, escribir textos bien estructurados sobre temas muy específicos. Para familiarizarse con los formatos y el estilo de estos, es útil leer lo que otros han hecho con temas llamativos. Si el electromagnetismo le fascina, pues busque investigaciones recientes; si le preocupa la industria alimenticia, investigue respecto a ello, pero siempre en fuentes confiables.

El objetivo de esto es reconocer el lenguaje de este tipo de publicaciones y el modo en que un argumento puede encausarse. A la larga, esto ayuda tanto en la expresión oral como la escrita y también a distinguir los textos académicos bien logrados.

En opinión de la periodista y oradora Vanessa Gómez Herrera, “si no leemos, no aprendemos nuevo vocabulario, ni tenemos información, por lo tanto nuestras intervenciones estarán vacías. La buena comunicación es directamente proporcional al número de lecturas que hacemos, documentales que vemos, o conversaciones de las que participamos”. Puede leer: Estudio y disciplina, un estilo de vida.

La buena comunicación es directamente proporcional al número de lecturas que hacemos, documentales que vemos, o conversaciones de las que participamos”.

Vanessa Gómez Herrera

3. Empezar con oraciones sencillas y directas: “un buen orador es capaz de expresar una idea en máximo dos frases, esto permitirá que minimicen la posibilidad de equivocarse y que sean más claros al dar opiniones”, asegura Gómez Herrera.

Piense en frases con la estructura “sujeto + verbo + complementos”, escritas con palabras comunes, separadas por comas o conectores y organizada de forma lógica. Por ejemplo: “Esta investigación analizó el comportamiento del mercado colombiano entre 2020 y 2021. Nuestro equipo utilizó las cifras del Ministerio de Comercio como fuente principal. Nuestro análisis concluyó que hubo un crecimiento neto positivo; sin embargo, algunos gremios tuvieron pérdidas grandes”.

Evite recargarse de conectores lógicos, incisos, palabras rebuscadas o imprecisas y oraciones largas, independientemente del nivel académico en que esté, porque eso dificulta la comprensión del público. Si no tiene claridad sobre el uso de la voz pasiva, mejor evítela. El ejemplo anterior en voz pasiva sería: “El comportamiento del mercado colombiano entre 2020 y 2021 fue analizado por nuestra investigación. Las cifras del Ministerio de Comercio fueron utilizadas como fuente principal. Que hubo un crecimiento positivo fue lo concluido por nuestro análisis; sin embargo, pérdidas grandes fueron experimentadas por varios gremios”.

4. Pensar su trabajo como una historia: Orlando Oliveros indica que “en el lenguaje académico, además del rigor crítico y la originalidad, tiene que existir un estímulo narrativo que permita digerir la idea que se está planteando. Las ideas se escriben y se leen mejor cuando hay una historia de por medio. Los textos académicos requieren que quienes los redacten sepan ‘echar bien un cuento’”. Imagine sus trabajos como un antes y un después: “Al principio me interesé en este tema porque... me generó varias dudas como... así que me puse a investigar en... y al final descubrí/concluí que...”.

5. Pedir la opinión de otros estudiantes o docentes: el proceso de retroalimentación implica muchas preguntas, como “¿mi argumento es coherente?”, “¿sí se entendió lo que dije?”, “¿esto está bien dicho/bien escrito?”, “¿el tono es el correcto?”, “¿hablo muy rápido?”, entre otras. Es muy importante no quedarse con su propia impresión hasta tener un mayor dominio del lenguaje.

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Sin importar la carrera
Es importante resaltar que saber expresarse es vital en cualquier ámbito. “Todas las áreas del conocimiento deberían fortalecer el componente comunicativo de sus estudiantes. Encontrar argumentos y darle un enfoque cualitativo a las respuestas permite ser más claros a la hora de compartir un mensaje. No es cierto que un estudiante de un programa de las ciencias exactas no necesite de la comunicación, porque independiente del campo, en el mercado laboral y en igualdad de condiciones, quien comunica mejor siempre será elegido”, puntualiza la oradora Vanessa Gómez.



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