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Investigar la fauna del planeta debe ser una prioridad tras la cuarentena

Garantizar la supervivencia de las especies que han reaparecido no es un asunto de continuar encerrados, sino de conocer sus necesidades y adaptarnos a ellas.

Varias ciudades de Colombia y del planeta han sido testigos de la aparición de animales en sus calles mientras los humanos estamos confinados. En algunos casos, incluso se han llegado a reportar avistamientos de especies que se creían extintas. En India, por ejemplo, una civeta malabar se dejó ver a comienzos del mes de abril; había sido declarada extinta en 1990. (Lea aquí: Las especies cautivas salieron en cuarentena)

Ante casos como ese, surge la pregunta ¿qué es lo que sigue?. “No podemos volver a la normalidad, porque la normalidad era el problema” es una de las frases que muchos ambientalistas han repetido por estos días luego de que el encierro confirmara a ojos de todos lo que venían afirmando desde hace décadas: sí hay un vínculo directo entre las actividades económicas e industriales del ser humano y el deterioro del medioambiente.

En el ámbito local, un caso llamativo es el de los mapaches que se han avistado en Cartagena durante la pandemia. Muchos creyeron que se trataba de sus parientes del norte y que eran invasores, pero en realidad son miembros de una especie autóctona de mapache muy común en buena parte de América Latina, desde Costa Rica hasta Argentina.

En Colombia, el mapache sudamericano habita en la región Caribe, los Llanos Orientales y el Amazonas. No está en peligro de extinción, pero tanto él como la civeta malabar ilustran hasta qué punto la cuarentena nos ha hecho “descubrir” y redescubrir lo que muchos ignorábamos o habíamos descuidado. (Lea aquí: Dantas de montaña en peligro de extinción, captadas en una vía nacional)

Puesto que es inevitable que los seres humanos vuelvan a su curso cuando termine la cuarentena, la solución no puede ser quedarnos encerrados, sino poner manos a la obra para saber qué tantas otras especies nos rodean sin que nos demos cuenta y qué podemos hacer para convivir mejor con ellas.

Hace falta investigar

Varios de los animales que se han dejado ver tanto en nuestro país como en el resto del mundo no son “invasores”, sino lo que se denomina “fauna urbana”: especies que habitan en las ciudades o sus confines y han tenido que adaptarse a la presencia de los seres humanos luego de que las ciudades los desplazaran. Los delfines, zorros, osos y demás que Colombia ha observado vivían apenas replegados o escondidos de la gente, pero ahora no tienen problemas para mostrarse.

No es sino hasta recientemente que las ciudades han empezado a ser vistas de manera más integral. Además de seres humanos, “son el hábitat de muchas especies animales. Antes, al hablar de urbe, no se incluía la biodiversidad; es por eso que muchas poblaciones del país, sobre todo en la costa, no están adaptadas a la inclusión de la fauna dentro de la planeación territorial”, explica Keiner Meza Tilvez, biólogo e investigador egresado de la Universidad de Cartagena.

De acuerdo con él, son muy pocos los estudios que se han dedicado a abordar a estos animales o a la forma de reorganizar nuestras ciudades y estilos de vida para adaptarnos a ellos y convivir armoniosamente. “Creemos erróneamente que donde está el hombre no pueden existir otras formas de vida y que en los espacios silvestre no puede haber humanos”, afirma Meza.

Por supuesto, todo lo que aplica para la fauna urbana debe aplicar igualmente para la silvestre. Integrar los intereses de los de animales en nuestro estilo de vida y modos de producción es parte del camino a la sostenibilidad y es necesario para conservar un ecosistema biodiverso.

Para lograr lo anterior, hace falta dedicar recursos y personal que se encargue de investigarla: crear políticas ambientales sensatas sólo es posible cuando hay un pleno conocimiento de qué es lo que hay y cómo se comporta. No se trata de hacer reservas o parques porque sí, sino de garantizar que respondan a la realidad ambiental. En otras palabras, hay que empezar a tener en cuenta la fauna que nos rodea a la hora de hacer planes de ordenamiento territorial y cualquier instrumento político que ayude a organizar los espacios y utilizarlos.

El investigador Meza Tilvez recalca además que otra parte importante de este proceso es dar a conocer los resultados de dichas investigaciones entre la población, pues eso asegurará que los ciudadanos desarrollen sentido de pertenencia por el medioambiente y se preocupen realmente por cuidarla. “En la medida que comencemos a comunicar la importancia de esas especies, puede que haya un cambio de mentalidad hacia ellas, porque empezarán a verlas como ‘suyas’, a apropiarse de los esfuerzos por conservarlas”.

Otras consideraciones

Es importante recordar que hay esfuerzos de conservación ya más avanzados que necesitan de un algo grado de intervención directa por parte de los seres humanos para poder rendir frutos. Claro ejemplo de ello son las reservas de rinocerontes en países como Suráfrica, donde la caída del turismo ecológico y la reducción temporal de personal a raíz de la pandemia han dificultado los esfuerzos para proteger a dichos mamíferos de la mano de los cazadores furtivos.

Casos como ese sirven como recordatorio de que la conservación no se garantizaría si hubiera una cuarentena indefinida, sino que involucra tomar acciones claras y contundentes (apoyo económico, investigación científica, movilización de personal) que tengan efectos reales.

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