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Tras las huellas de José Eustasio Rivera: crónica de un viaje a Neiva

Crónica en Neiva, con el biógrafo de José Eustasio Rivera (Neiva, 1888-Nueva York, 1928), el historiador Félix Ramiro Lozada, quien prepara un libro sobre el escritor.

Ahora estamos en la puerta de la casa donde nació el escritor José Eustasio Rivera, en Neiva, en 1888, en la antigua calle de La Chorrera que más tarde se llamaría Camellón de los Almendros, en la calle 8 con 7 y Neiva. Nadie lo supiera si no estuviera esa placa colocada en 1955 para los cincuenta años de la creación del departamento del Huila. El tiempo ha ido borrando las letras: En esta casa número 7-40 de la calle 8 nació José Eustasio Rivera (1882-1928), el autor de la célebre novela “La Vorágine”, publicada en 1924. No queda nada de la casa original, una humilde casa de bahareque en el corazón de Neiva. Hoy es una casa de material, de dos pisos, donde funciona Migración Colombia.

A la calle la llamaban La Chorrera porque por allí bajaba una corriente de agua de una quebrada de la que se abastecían los vecinos del escritor en aquellos años. Y se siguió llamando Camellón de los Almendros porque se sembró de almendros. Aún crecen los almendros. Recorro estos paisajes de la mano del historiador, narrador y poeta de Neiva, Félix Ramiro Lozada, nacido en Codazzi, Cesar, hijo de Félix María Lozada, hombre vinculado al campo, nacido en Palermo (Huila) y María Antonia Flórez, nacida en San Martín de Loba (Bolívar).

Félix Ramiro es el hombre que más conoce la vida de Rivera. Tiene más de treinta años de estar tras los pasos del escritor, encontró su partida de bautismo que precisa que nació en Neiva y no en Agua Caliente en San Mateo, adonde fue llevado a sus dos años. Ese pueblo hoy se llama Rivera desde que se convirtió en municipio en 1943, en homenaje al escritor. Félix Ramiro, como biógrafo de Rivera, ha ido reconstruyendo año tras año su árbol genealógico, y rastreado cartas secretas y documentos que compendian la fecunda y prodigiosa vida del escritor, su vocación de explorador e investigador del territorio que recorrió a lomo de mula y en canoa, desde Neiva hasta El Caguán, para escribir su icónica novela “La Vorágine” y sus poemas de “Tierra de promisión”.

Reconoce que el estudio crítico más profundo que se ha hecho en Colombia de la obra de Rivera lo hizo Antonio Curcio Altamar. Para reconstruir el árbol genealógico ha sido esencial leer al chileno Eduardo Neale Silva. En la biblioteca personal de Ramiro encontré una edición crítica de “La vorágine”, publicada por la Biblioteca de Ayacucho, en Venezuela, en 1976, con un ensayo de Eduardo Neale Silva. Empezamos a conversar sobre Rivera desde la noche del sábado en que llegué a Neiva hasta el mediodía del lunes en que regresé a Cartagena. Fue una conversación inagotable, pero llena de grandes sorpresas. Nunca había viajado a Neiva, la ciudad donde nace el río Magdalena, y donde tengo incontables amigos, algunos ya ausentes y muchos de ellos, entrañables e inolvidables en la vida cultural del país.

Vine a Neiva gracias a la invitación del primer Festival Internacional del Libro FilVorágine, en donde me referí a las facetas poco divulgadas de Rivera como abogado, investigador, fotógrafo y explorador para crear una novela de denuncia sobre la primera masacre de trabajadores caucheros en el sur del país, que empezó en la primera mitad del siglo XX, en un territorio que el escritor recorrió palmo a palmo, y a la que en la quinta edición de su novela en Nueva York, en 1928, incluyó cuatro mapas del territorio donde transcurre el drama social y político de su novela.

Secretos de Rivera

El niño José Eustasio vivió en el campo y regresó a Neiva a estudiar en el Colegio Nacional Santa Librada, en 1900, en donde fue expulsado por el rector que era su tío Napoleón Rivera, coronel de la guerra de los Mil Días, y lo flageló a latigazos, por encontrarlo fuera del plantel bajo la sombra de los mangos y los tamarindos, mientras seguía el rumbo de los pájaros con una honda. Ahora mientras cruzamos por el inmenso colegio, el biógrafo Félix Ramiro dice que ese fue el comienzo de una serie de rechazos y desavenencias en su tierra natal por parte de sus coterráneos.

José Eustasio es uno de los 11 hijos de José Eustacio Rivera y Catalina Salas. José decidió escribir su segundo nombre Eustasio con s y no con c como su padre. Los hermanos del escritor fueron: Mariano, Inesita, quien murió a sus 17 años, Luis Enrique, Margarita, Virginia, Laura, Ernestina, Susana, Julia, José y otro hermano que murió siendo niño. El joven José Eustasio escribió un poema a su hermana: “Diva o la virgen muerta”, que en su tiempo generó suspicacias entre la gente de Neiva, que calificó el poema de incestuoso. A José Eustasio le tenían el apodo de “Cañabrava” por su temperamento, y porque un día le pegó a un compañero del salón de clases. Catalina, su madre, lo envió a estudiar en el Colegio de los Hermanos Maristas en Mesa de Elías, al sur del Huila. Allí también tiene conflictos dentro del colegio. Y lo envían a la casa. Aprende a cuidar el ganado, a cazar y a ser un buen jinete. El joven no encaja en ninguno de los planteles donde estudia, pero tiene una inteligencia y una capacidad de memoria impresionante. Llegó a aprenderse de memoria parrafadas de La Ilíada. Y a recitar poemas de memoria.

A José Eustasio Rivera lo sorprendió la muerte en Nueva York, a sus 40 años, en 1928, cuando diligenciaba la traducción al inglés de su novela y su versión al cine. Alcanzó a ver la quinta edición de “La Vorágine”.

Gracias a Rafael Puyo y a Gabriel Perdomo Cuenca gana una beca para estudiar en la Normal Superior de Bogotá. El profesor Luis Gonzaga, conocido como Pacífico Coral, descubre la gran sensibilidad poética de Rivera, y su pasión por poetizar la naturaleza que le rodeaba: el paisaje de la cordillera oriental, el río Magdalena, la descripción de los potros, los toros, los caballos, las águilas, los matices de la montaña al amanecer y al atardecer, el mundo hermético y misterioso de la selva. El profesor Gonzaga lo conectó con Miguel Antonio Caro Antonio Gómez Restrepo, Elías Quijano, entre otros.

El origen de La Vorágine

Félix Ramiro me cuenta que Rivera empezó a escribir la primera parte de su novela en Sogamoso, el sábado 22 de abril de 1922; y en Sogamoso se la compartió a su amigo, el poeta barranquillero Miguel Rash Isla, quien revisó estas primeras páginas de su novela. Leyéndole apartes de esta primera parte a su amigo Policarpo Martínez Neira, éste interrumpió la lectura de Rivera para decirle: “¡Esto que me estás leyendo es una verdadera vorágine!”. La novela aún no tenía nombre. Y allí encontró el título: “La Vorágine”. La segunda y tercera parte la culminó en Orocué, en abril de 1924. En Neiva la revisó su primo David Rivera. En Bogotá, el poeta Rafael Maya. Miguel Rash Isla releía las tres partes de la novela, y sugería algunas vueltas en el texto épico sobre la selva. Rivera iba con la novela en toda su travesía por el país. Al encontrarse con sus hermanos en Neiva en 1924, les dijo: ¡Esta novela es para ustedes! ¡Sí, para ustedes!

Los hallazgos del biógrafo

Lozada, miembro de la Academia de Historia de Huila, presidió durante diez años la Fundación Tierra de Promisión y participó en el nacimiento de la Bienal de Novela que rinde homenaje a José Eustasio Rivera, a través de la Ley de la República Número 42 de 1988.

He visto anochecer el sábado y el domingo en Neiva, mientras recorremos los escenarios de José Eustasio Rivera, quien me enseña además de la partida de bautismo del escritor un grupo de cartas que anticipan el origen, evolución y desarrollo de la novela. El escritor fue a Nueva York a revisar la quinta edición de su obra, que envió a su familia y al presidente Miguel Abadía Méndez. En esa urbe diligenciaba la traducción al inglés y la posible versión al cine. Murió a sus 40 años, el 1 de diciembre de 1928 en Nueva York. El libro llegó a Abadía Méndez, cuando empezaba la Masacre de las Bananeras.

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