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Tatis, la luz de un pintor escondido

Una faceta poco conocida se revela del también poeta, periodista y escritor. La belleza y la extrañeza de sus cuadros se exponen mañana en el Hotel Las Américas.

A su faceta de pintor llegó por mera intuición. Esa intuición empezó con su infancia en el Sinú, cuando su padre le hacía las cometas para elevarlas al cielo, y durmiendo en camas de viento, arropándose con las colchas de retazos que su abuela Escolástica y sus tías cosían en la máquina Singer. “Esas colchas, era como si durmiera en un arco iris”, recuerda hoy Gustavo, el escritor, el periodista, el poeta, el hombre dueño de una forma genuina de ver el mundo, que ahora da trazos robustos y al tiempo sensibles cargados de cobaltos, aguamarinas, indigos y leves destellos de otros colores, de carmesíes, de amarillos, como si algo de esas mismas cometas ahora viviera en sus cuadros. Es Tatis, el pintor. Lea aquí: Lucho Bermúdez, un genio narrado por Gustavo Tatis.

“No tuve conciencia de ese contacto directo con el color sino hasta hace poco. Mi padre dibujaba muy bien y mis hermanos Alberto, Édgar y Jimmy, también. Yo era el que menos pintaba entre los siete hermanos. Fui yo quien llevé a mi hermano Édgar siendo niño a estudiar pintura”, describe.

“Mi inicio con la pintura surge con el contacto con mis amigos pintores, y con mi vida de periodista entrevistando desde la década del ochenta del siglo veinte, a pintores como Alejandro Obregón, Enrique Grau, Darío Morales, Heriberto Cogollo, Alfredo Guerrero, Limberto Tarriba, Dalmiro Lora, Bibiana Vélez, César Bertel,entre otros. Empecé a pintar a escondidas en el reverso de los cartoncitos de las invitaciones que llegaban a El Universal. Llegué a pintar más de doscientos cartoncitos que aún conservo”, revela.

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Mañana, Gustavo Tatis expone en el Hotel Las Américas “El emisario de las aguas”, 20 acrílicos sobre lienzo, donde el común denominador “es el mar, los peces abisales, la lluvia de peces, el pez luna, el pez linterna, los contrastes de la orilla y la insinuación del infinito. La sensación mutante y viajera del viento sobre las aguas y sus criaturas”, describe.

¿Recuerda la primera vez que estuvo ante un lienzo en blanco?

Los lienzos en blanco me recuerdan las camas de viento donde dormía, eran de lienzo crudo. Cuando estoy frente a esos lienzos en blanco solo se me ocurre mancharlos de colores, pinto con las manos, con espátulas, con esponjas, allí cumplo un deseo reprimido en la infancia: pintar las paredes. Un niño con ganas de pintar paredes en una casa alquilada tiene que desahogarse algún día frente a un lienzo de verdad. Y al mancharlos voy viendo aparecer los peces de las profundidades y las criaturas de la noche que buscan la claridad.

¿Cómo surge en usted la inspiración? y ¿cómo decide de qué forma materializarla, si escribir o pintando?

Pintar es entrar a un laberinto. Uno no sabe por qué intersticio va a salir o quedar atrapado. Escribir o pintar requiere que uno se sumerja en las profundidades. A veces, a tientas o a ciegas, hasta encontrar la luz en la oscuridad. Uno puede planear un vuelo pero es volando como ocurre el milagro. No es pensándolo solamente, es haciéndolo, es sintiéndolo. La complicidad de la razón con la emoción. A veces puede ocurrir que un poema desate un cataclismo emocional que se vuelva color o motivo para otro poema. Todas las artes, como decía Borges, aspiran al arte de la música, pero todas tienen una secreta complicidad que parte del silencio transmutado en sonidos, colores, palabras y gestos.

A mi faceta de pintor llegué por pura intuición, porque soy un auténtico bruto para pintar, un ansioso aprendiz, un animal que va a tientas en la oscuridad buscando la luz, como los peces abisales, como el pez linterna que se alumbra a falta de luz, y es que me conmueven los colores”.

Gustavo Tatis Guerra

¿Cuál es su momento del día propicio para la pintura?

Los momentos propicios para intentar pintar pueden ocurrir en la primera o segunda luz del amanecer, o en la mañana. La luz del atardecer es misteriosa, sospechosa y cambiante, y la luz de la noche es aún más hermética y te niega la posibilidad de ver los matices de los colores. No pinto jamás de noche porque al amanecer descubro que los colores elegidos han variado con la luz.

Sus cuadros son abstractos, predomina el azul, del mar, del cielo, en todos sus tonos (en especial el cobalto) ¿Qué representa este color?

Cuando uno dice que es abstracto eso también puede ser sospechoso. Toda pintura es carnal, sensual, emocional, orgánica, aunque pinte abstracciones o figuraciones. No busco explicaciones racionales al pintar, me dejo llevar por las más inusitadas emociones e intuiciones, y el resultado, es como el niño que mete sus manos en los colores y deja sus huellas en el lienzo. Trabajo mucho una y otra vez lo que en principio, es una abstracción, y encuentro en ellas una imagen del mundo que nace en el agua o en el cielo. Muchas veces esas abstracciones cobran en mí una fuerza que me persigue en el sueño, y corrige líneas deficientes, atmósferas aún por resolver, perspectivas que pueden complementarse. Los azules en todos sus matices, el aguamarina, el cobalto, el azul ultramarino, el turquesa, han sido obsesivos en mi vida. Los busco y me hacen feliz con solo verlos.




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