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Lo que nos quedó de Julio Cortázar

Si te gusta la lectura, el escritor argentino es uno de los autores obligados a disfrutar.

Julio Cortázar, el clásico autor argentino del libro de cuentos ‘Bestiario’ y de la novela ‘Rayuela’, nació el 24 de agosto de 1914 y murió hace 38 años, en 1984.

Cortázar, que sufría de acromegalia, crecía cada año más allá de la adolescencia, siguió creciendo hasta sus 69 años, y más allá de su muerte. Era un gigante de más de dos metros y un gigante de la imaginación y un maestro del cuento y la novela. Lea aquí: Julio Cortázar, el gigante que crece en la ausencia

Cuando uno lee sus libros, Cortázar nos hace crecer a todos, porque su manera de percibir la realidad es inusual. Él es capaz de empezar un cuento diciendo que un muchacho está escribiendo una carta a su novia en París, y de repente, siente algo que se le desliza por la garganta. Como si quisiera trasbocar. Y en la delgada piel se desliza un conejo.

Ese personaje, además de ansioso, tenso, estresado por la ausencia de la mujer, que ocupa el apartamento de su mujer, empieza a vomitar conejos. Y esa manera de contarlo lo erige como uno de los grandes narradores de habla hispana. Borges lo incluyó en su ‘Antología del Cuento Fantástico’.

En Cortázar lo fantástico ocurre con naturalidad, como si formara parte de la lógica de la cotidianidad.

El asunto no es que el tipo vomite conejitos, el problema es qué hacer con tantos conejos que devoran la alfombra de la novia y destrozan los objetos del apartamento.

Cortázar revolucionó en América Latina la manera de contar historias.

En Cartagena hace años organizamos en su honor una Semana Cortazariana, y una vez recibimos una carta de gratitud de un hermano de su esposa Aurora Bernárdez. Cortázar fue un hombre de pensamiento político que aportó al ideal de una sociedad igualitaria en América Latina.

Y creyó en las utopías que se gestaron en el continente y desencantaron a sus seguidores. Una de esas utopías frustradas fue la de los sandinistas en Nicaragua. Sus libros prevalecen más allá de la coyuntura política. Lea además: Julio Cortázar, la oscuridad de un gigante




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