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¡Las mujeres tienen la palabra!

El pasado miércoles se celebró el Día Internacional de la Mujer con presentaciones de libros en Cartagena. Una crónica sobre la palabra de las escritoras.

Es que siempre han tenido la palabra y la humanidad patriarcal parece no haberse dado cuenta. Las mujeres participaron junto al hombre en la huidiza y misteriosa construcción de este mundo, acompañándolos en las madrugadas de cacería y en los remotos atardeceres en las cavernas en las que pintaban animales soñados y cazados sobre la piel de la piedra. Las mujeres crearon una manera de estar en este universo fecundando milagros cada día además de ser las paridoras de la estirpe.

La vida humana hubiera cesado hace muchos milenios si la mujer se hubiera inmovilizado con sus sabias intuiciones y con su congénita vocación de preservar la especie. Y la historia de la humanidad no hubiera entrado en ese círculo vicioso de destrucción con guerras inútiles tras el poder territorial y la codicia, si la mujer hubiera manejado el germen devastador de los conflictos que se repiten con los mismos cataclismos y las mismas desgracias. Lea: El arte en el Día de la Mujer presenta otra ‘cara’ de Haití

Mujeres que escriben

A las 10 de la mañana en la Biblioteca Fernández de Madrid de la Universidad de Cartagena, se cumplió el acto Mujeres que escriben, dentro de la celebración Día Internacional de la Mujer.

Se presentó el libro ‘En tu amor encontré mi hogar’ (Testimonio de una madre adoptiva) de Marisa Lacouture, prólogo de Juan Gossain.

La introducción estuvo a cargo de Ruth Gutiérrez, directora del Observatorio para la Equidad y el Desarrollo con Enfoque de Género. Moderador: Winston Morales Chavarro, docente de la Facultad de Ciencias Sociales y Educación. Lea además: Día de la Mujer: estas son las escritoras colombianas más famosas

“Marisa Lacouture siempre tuvo un sueño: ser madre y conformar una familia enorme. Pero pronto ella y su pareja se dieron cuenta de que algo andaba mal, pues no podían quedar en embarazo”, dicen sus editores. “Tras mucho tiempo y dinero invertidos en invasivos tratamientos de fertilidad, decidieron tomar otro camino, que por más obvio que parezca, hasta entonces jamás habían contemplado: la adopción. Así, a pesar de los temores y los estigmas de la alta sociedad barranquillera, Marisa se lanzó a la aventura de adoptar a María Isabel y a Fernando Andrés, y hoy, al mirar hacia atrás, sabe que es la mejor decisión que pudo haber tomado, pues por medio de la adopción encontró la felicidad”.

La poesía de Damaris

También se presentó la novela ‘Tus manos color canela’ de Damaris Castro, quien además es narradora, poeta y compositora.

“Nunca olvido de dónde vengo, nací en un pueblo de arena escarchada donde los perros hacen la siesta en el silencio y guardan sus ecos para la madrugada”, expresa Damaris Castro en su texto Indeleble.

“Esa tierra, donde el sol, despliega sus reflejos en la calle larga. La misma que guarda mis pisadas de infancia, la eterna sonrisa de Liceth María, mi prima, quien me alegraba la vida, cuando le hablaba y me respondía con ese jardín en su rostro”. Le puede interesar: Las mujeres en el reflector: series y películas para ver este 8 de marzo

Santa Catalina de Alejandría. Mi Catana, el pueblo que Dios escogió para que allí naciera.

Allí conocí algunos misterios, como el vuelo del colibrí trayendo noticias de amores, la miel del coral tupido, el canto de la palomita de la virgen, el romance del sol con la arena y el remolino de hojas secas”.

También se presentó el ensayo Familia y género: Reflexiones acerca de los nuevos modelos familiares en Colombia.

Antología de mujeres poetas

La primera antología de mujeres poetas del Caribe colombiano, fue publicada por Ediciones Exilio en 2017, y se titula Como llama que se eleva, seleccionada y prologada por Hernán Vargascarreño. Es un tesoro editorial de 488 páginas.

Se destacan las voces de las poetas Angélica Santamaría, Anna Francisca Rodas Iglesias, Annabel Manjarrés Freyle, Beatriz Vanegas Athías, Betty Brunal, Carmen Peña Visbal, Dina Luz Pardo Olaya, Ela Cuavas, Eliana Díaz Muñoz, Hortensia Naizara Rodríguez, Irina Henríquez, Ivette Rocío Noriega Herazo, Kenia Martínez López, Lauren Mendinueta, Lya Sierra, Margarita Escobar De Andreis, Margarita Galindo Steffens, Margarita Joaquín Gutiérrez, María Mercedes González, María Teresa Escobar de Andreis, Monique Facuseh, Nazly Mulford Romanos, Nora Carbonell Muñoz, Patricia Iriarte, Tallulah Flores Prieto, Ubaldina Díaz, entre otras.

Señales
Algunas de las mujeres poetas que aparecen en la antología de Hernán Vargascarreño, viven y trabajan en lugares del Caribe colombiano que han sufrido los desmanes de la violencia y la guerra. “Poetas cruzadas y signadas por el dolor y por el temor que implica estar en medio de un conflicto del que no hacen parte; y en silencio, a veces en mitad de la noche, en esos mismos pueblos y veredas abandonados de la mirada de los buenos dioses, han escrito, lenta y concienzudamente, trozos de patria adolorida...”
Mujeres a flor de labios

“Eso somos, azar y conjuro/ escritura y recinto/ que a veces se encuentran en un zaguán del paraíso/ ocurre a veces, cuando escapamos por una ventana entre las nubes/ tras la dicha imperturbable de darle un nuevo color al mar”. (Angélica Santamaría, Sincelejo, 1974)

“Mi continente eran tus manos/ hoy no me alcanzan” (Ana Francisca Rodas Iglesias, Puerto Mosquito, Cesar, 1968)

“Mujer, has dejado de ser Eva/ ya no tienes por qué cargar con la culpa/ ni amanecer con ese dolor en un costado del mundo/ has dejado de ser diosa/ porque todos los dioses/ son imaginarios y traen bajo sus mantos ilusiones suicidas” (Annabell Manjarrés Freyle, Santa Marta, 1985)

“Todos los sabores están en tu cuerpo/ todos los sueños habitan en tu cuerpo/ todos los milagros ocurren por tus manos/ todos los caminos se hacen breves si transito por tu cuerpo”. (Beatriz Vanegas Athías, Majagual, Sucre, 1970)

“Yo vi cómo nacía el fuego/ entre las manos del miedo/ presintiendo la ferocidad de las aguas”. (Betty Brunal, Montería, 1957)

“Hoy mientras te observo/ descubro que no somos peores que el látigo/ que golpea a los penitentes/ ni mejores que la sangre/ que se desliza por sus cuerpos”. (Carmen Peña Visbal, barranquilla, 1957)

“Solo un soplo y seremos menos que polvo/partículas volátiles e insignificantes/ menos que náufragos en medio del océano/ menos que el gusano que come nuestros restos”. (Dina Luz Pardo Olaya, San Marcos, Sucre, 1973)

“Quiero una sola palabra/ que lo nombre todo/ el dolor de la infancia/ el miedo al amor/ la rosa que se desborda de belleza/ el canto de la luz en mi ventana/ quiero acertar con una sola palabra/ porque el poema no basta”. (Ela Cuavas, Montería, 1979)

“Atesora tu sombra/ tus despojos/ el sonido que con irremediable amargura vuelve/ pero es espuma, aire y tinta que nada mancha/ el pozo donde emergen monedas y desastres/ guarda tus ires y venires/ la huida que muy lejos o muy cerca preparan los pies/ guárdate de la espera y sus quebrantos/ porque infinito es el hilo del que penden tus circunstancias/ y filoso el tiempo que viene a amenazarlo”. (Eliana Díaz Muñoz, Barranquilla, 1987)

“La poesía que escribo No sirve para nada/ sino para decir en voz alta no a los uniformes/ no a las guerras/ no a las religiones/ Es iluminación/ está en el hogar, en el rostro de mi bienamado padre...” (Hortensia Naizara Rodríguez, Cartagena, 1963)

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