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La vez que Blades usó a su padre, recién fallecido, para “engañar al mundo”

Rubén Blades Bosques, padre del ‘poeta de la salsa’, murió hace unos días. Pocos recordarán que su hijo lo inmortalizó como un álter ego en su obra musical.

Le faltaba poco para cumplir un siglo de vida; pero, tras varios años de pervivir a los achaques de la edad, Rubén Blades Bosques, padre del compositor de Pedro Navaja, Decisiones y El Cantante, murió a sus 99 años recientemente. Lea: Triste: falleció el papá de Rubén Blades a sus 99 años

La lamentable noticia fue confirmada por varios medios de comunicación el pasado 23 de noviembre y ratificada por el cantante panameño en su Instagram: “Quiero agradecer a todos los que me han escrito o llamado, lamentando la partida al ‘otro barrio’ de mi padre Rubén”.

Del progenitor de Rubén y Roberto Blades, conocido por Lágrimas y Ya no regreso contigo, la última sonrisa que se le vio fue en las redes de sus hijos el pasado 5 de septiembre, cuando le celebraron un “segundo cumpleaños” de la edad con la que falleció.

En esa ocasión los dos cantantes expresaron su amor y admiración por el hombre que influyó profundamente en sus vidas, y del que nunca hubo certeza si nació el 5 de febrero o el mismo día de septiembre: un disparate familiar, una confusión que el señor siempre culpó a la Iglesia, notaria de su bautizo.

El disparate y la sorna, motores de una armonía familiar que se basó en el desorden y la complicidad, fueron los insumos para que Rubén hijo utilizara la figura de su padre para uno de los grandes bulos de la salsa: Medoro Madera.

Medoro Madera

Siempre con su sombrero de yarey y las trazas de un habano recién apagado rodeándolo bajo una estela de cubanía. Así es Medoro Madera, una de las voces más características del son de Santiago, mismo terruño de Compay Segundo e Ibrahim Ferrer. Su garganta entremezclada con el sonido de un tres cubano descorchan botellas de ron a control remoto.

Un perfil digno de cualquier cantante del Buena Vista Social Club, aunque Medoro nunca ha cantado allí. Ese viejo de las montañas cubanas, que recuerda a Polo Montañez, nunca existió.

En la década de los 80 fue creado por Rubén Blades impostando su voz, obligando a sus cuerdas vocales prodigiosas a cantar como un ser diferente. No se trataba de un Yo me llamo fulano, sino la construcción de otro artista que solo los bendecidos con un talento tan colosal se pueden permitir. Misma escuela de Michael Jordan y de Sinatra.

Medoro fue el álter ego de un genio que prefiere ser generoso a circunspecto y apolíneo.

Medoro Madera. Así se llamó el trabajo discográfico del salsero panameño que en 2018 fue nominado al Grammy Latino a mejor álbum tropical tradicional. Siete piezas cantadas por un Blades que ni el más fanático, de no conocer esta faceta suya, reconocería; pero, ¿quién es el anciano de ojos verdes que sale en su portada? Una construcción por computador que mezcló el rostro de Rubén Blades Bosques, papá del cantante, con la cara del intérprete de Amor y Control.

La vez que Blades usó a su padre, recién fallecido, para “engañar al mundo”

Carátula del álbum Medoro Madera (2018).

Cuentan que cuando el público le pide a Blades cantar “una de Medoro Madera” en algún concierto, el “intelectual de la salsa” no solo cambia la voz, sino que también transforma sus ademanes y gestos como si algo lo poseyera. Una maravilla.

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