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Juan Pablo Socarrás cuenta historias hechas a mano

De todos los premios que ha logrado, Juan Pablo valora mucho el recibido en Cartagena en 2011 que distingue al “Diseñador preferido del público colombiano”, un voto de confianza de esas comunidades a las que llega.

“Hablo mucho”, lo advierte al empezar la conversación, pero una vez empieza, es fácil advertir que es más lo que concreta en la realidad, está claro en lo que se propone y en los proyectos que lleva a cabo con quienes menos se espera, porque si bien su norte es la moda, no escapa a involucrarla en un plano social.

Juan Pablo Socarrás Yani, es el diseñador de modas bogotano que ostenta una mezcla bastante interesante en su ADN, su padre es oriundo de Valledupar, mientras que su madre es barranquillera, condicionando al Caribe para siempre en su vida y obra.

Se declara ribereño, con los ríos Guatapurí y Magdalena como marco real para su inspiración, además con lazos muy fuertes atados a su familia, toda vez que han representado ese proceso cultural que le define más allá de lo personal para integrarse en su trabajo.

El medio ambiente es tema en su trabajo y con las comunidades logra que los residuos terminen convertidos en lujo, para lo cual exalta permanentemente a esas artesanas que también promueven sus productos.

Al nacer y crecer en el seno de una familia tradicional, con un padre médico, abuelo pionero del psicoanálisis y la psiquiatría, bisabuelo General en la Guerra de los Mil días, muchas cosas para Juan Pablo debían estar signadas, sin embargo, él decidió ser feliz porque padeció cáncer de los 7 a los 14 años, entonces no quiso perder esa nueva oportunidad y decidió estudiar Diseño industrial.

En ese momento no tuvo la valentía para enfrentarse por completo a su padre y decirle que quería estudiar moda, pero haciendo accesorios que su hermana vendía a su grupo de amigas, logró pagar su carrera de Diseño de modas que estudiaba en jornada nocturna. Aclara que el dinero no le alcanzó, por lo que le quedaron faltando algunos semestres, aunque esto no fue óbice para que se dedicara a esa maravillosa práctica y los proyectos sociales que le fue sumando.

Proyectos que cambian vidas

Siendo coherente con la base que quería para desarrollar su carrera, el primer proyecto de Juan Pablo fue vender productos en empresas y supermercados, lo devengado se destinaba para los niños a través de Unicef y seguidamente entra a ser diseñador junior para Artesanías de Colombia.

El crecimiento, paso a paso, pero seguro, lo llevó a ser nombrado Director creativo al cabo de seis años, algo que lo llena de orgullo, porque siente que en medio de muchas vicisitudes, creció y aprendió, además forjó un temperamento a prueba de todo.

Hoy reconoce que en Artesanías de Colombia alcanzó ese “doctorado” que ostenta en su profesión, toda vez que se convirtió en un reto que se superaba con cada cargo que asumía. De allí se retiró en 2011 después de hacer desfiles nacionales e internacionales, presentar ferias, decorar hoteles, trabajar con el Concurso Nacional de Belleza y hacer que el traje de fantasía se volviera artesanal, además de enseñar a las reinas y comunidad, todo esto porque no siente miedo ante situaciones complejas.

En esa labor que emprendió en Cartagena, realizó un proyecto en el barrio Nelson Mandela con mujeres costureras en contextos difíciles, tiempo en el que aprendió a bailar champeta, porque como aclara, lo único que sabe hacer bien en la vida, es bailar.

A partir de allí crea su Fundación que como afirma, nació del ego, porque se creía Supermán y que podía “salvar el planeta”, razón que lo llevó a comprar una serie de productos artesanales y sin un modelo de negocio claro y sostenible, por lo que la quiebra era inminente.

Un consejo nunca sobra y Juan Pablo lo encontró en la persona indicada, advirtiéndole que no podía hablar de sostenibilidad, si él mismo no era sostenible. No se amilanó y con la creación de proyectos de impacto social, emprendió nuevamente el camino que cimentó con la frase, “yo no vendo productos, sino historias hechas a mano”.

Cartagena, fuente de su inspiración. FOTO CORTESÍA
Cartagena, fuente de su inspiración. FOTO CORTESÍA

Volver a empezar

Después de la quiebra, vino el renacer y empieza con dos empresas, con dos marcas muy importantes, “Socarrás” e “Historias hechas a mano”, al tiempo que se dedicaba a hacer vestidos sobre medida y materializar el sueño de novias y novios desde su casa, que es el taller donde se permite ser más cercano a su clientela particular.

Todo marchó a la perfección alternando el negocio y los proyectos sociales, hasta cuando llegó la pandemia y más de uno canceló la boda, quedando procesos a medio camino, afirma que peleó hasta con Dios, porque es muy creyente, sin embargo, la misma situación fue respuesta y pensando en esas comunidades menos favorecidas, creó el proyecto “La hora de contar historias”, brindando de forma digital asesoría en modelo de negocio y estrategias digitales.

Encerrado en casa logró más reconocimiento y dictando clases para personas en diferentes partes del mundo, todo fue más rentable. De otra parte, puso en práctica un don que cultivó en su etapa de niño enfermo, escuchar a los demás, conectando a la perfección con todas las comunidades.

Juan Pablo Socarrás ha llegado a 122 municipios, 28 departamentos, ha capacitado a más de 5 mil personas y esas mismas son quienes lo quieren y hacen de él ese ser lleno de magia que es ahora y vibra al tiempo que toca corazones.

Le gusta el impacto social, por lo que se ha involucrado más allá con esas comunidades que capacita. Les enseña a cobrar el precio justo, también a diseñar, a montar una colección y entender las temporadas, entre otras cosas, además de lograr patrocinios que sostienen el proyecto.

Colecciones que inspiran

Juan Pablo se siente Caribe, pero ese de las abuelas, tranquilo, tradicional de lino, sofisticado, como se los enseñaron las mujeres de su vida, y a partir de allí nació “Magdalena”, la colección que cerró Colombiamoda 2021, con una serie de historias que se tejieron en su creación.

Como el éxito no se quedó allí, por primera vez en 33 años un diseñador colombiano cierra una feria y la vuelve a abrir, dando lugar a su colección “A-mar”, que además de contar con las mujeres bordadoras de Sutatausa, en representación de Colombia, también incluye un proceso con una comunidad en México y otra en Guatemala.

Este es el propósito de Juan Pablo Socarrás, quien reconcilió su vida y para crear sus colecciones, se inspira en la familia, en el amor y orgullo que hoy le profesan, también en los vallenatos, llegando todo esto a ser el complemento para que siga contando historias.




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