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De escritores a políticos: cuando la literatura cae en la trampa del poder

Casos clásicos de dos grandes escritores colombianos que aceptaron una misión pública, y no tuvieron finales felices.

Un gran amigo y uno de los mejores escritores de nuestro tiempo ha caído en la trampa de asesorar a uno de los candidatos a la presidencia de Colombia, y le han propuesto ser Ministro de Cultura. No nombraré ni al escritor ni al candidato presidencial, porque solo quiero meditar en que cuando un escritor o artista cae en la trampa del poder, pierde el arte y la literatura, y gana de manera efímera el aspirante a presidente. Le puede interesar: Fórmulas vicepresidenciales: ¿sumaron o restaron a los candidatos?

Recuerdo que alguna vez al mejor escritor de Colombia le propusieron ser presidente de Colombia, y esa es una de las grandes perversidades que se le pueda proponer a un escritor. Cuando otro gran escritor intentó ser presidente de un país vecino y salió derrotado, el desprestigio se agigantó y perdió muy probablemente muchos de sus lectores, hasta recobrarlos con el paso del tiempo. La historia de la relación entre literatura y poder está lleno de buenas intenciones. La tentación prueba las fragilidades de los seres humanos. No son ángeles. Son de carne y hueso. Tienen deseos e ilusiones como todos los mortales. Y junto al virtuosismo de la palabra y las ideas, tanto la ética como la estética son inseparables. La una no abandona a la otra. Si se degrada la estética se degrada la ética.

Empezaríamos por el autor de la mejor novela de habla castellana durante más de cuatro siglos, que trabajó con el Rey Felipe II, muy cerca de las arenas movedizas del poder, y se murió esperando que el rey le concediera cargos públicos en América, quince años antes de empezar a escribir su novela. También al mejor novelista colombiano de todos los tiempos a quien siempre lo persiguió el poder, se negó a aceptar cargos públicos por la convicción de que malograría su obra literaria. Al más grande poeta romántico colombiano del siglo XIX, José Asunción Silva (Bogotá, 1865 - Bogotá, 1896) acorralado por las deudas y la quiebra de una empresa de baldositas que tenía su padre, aceptó un cargo diplomático en Venezuela de manos del presidente Rafael Núñez en 1894. Aquello tuvo un final dramático.

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grandes escritores: José Asunción Silva y Jorge Isaacs, aceptaron cargos del presidente Núñez.

Ejerciendo su cargo en Venezuela, en septiembre, pidió licencia de un mes para regresar a Bogotá, el 21 de enero de 1895. Y ese regreso en el barco francés Amérique, naufragó cerca de Bocas de Ceniza, y allí perdió un baúl con sus ‘Cuentos Negros’, su novela inédita ‘Amor’, y gran parte de su obra literaria. La noche del 23 de mayo de 1896, luego de una cena con unos amigos, entró a su habitación y se pegó un tiro certero en el corazón que había dibujado en su pecho.

EL CASO DE JORGE ISAACS

Jorge Isaacs (1837-1895) el autor de la célebra novela ‘María’, fue nombrado por el presidente Núñez en una expedición científica en el Caribe colombiano, de cuya experiencia surgió un libro del escritor investigador sobre las comunidades indígenas en La Guajira. Además de ese libro, Isaacs fue el primer explorador de las zonas petroleras en el Sinú, especialmente en Lorica (Córdoba). Y recorrió la región del Magdalena Grande. Los recursos del escritor se agotaron y él se quedó esperando que el contrato presidencial le permitiera salir del Caribe hacia el interior de Colombia. El padre de Isaacs, Jorge Henrique Isaacs, súbdito inglés, de origen judío, pidió a sus veinte años, al general Bolívar que le permitiera entrar al país y tener la ciudadanía colombiana. La relación entre escritores y poder político es un sendero difícil e impredecible.




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