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Un movimiento de la Luna mata a los manglares. Sí, así como lo lee

Científicos develaron que el bamboleo lunar es uno de los culpables por la muerte de millones de esas especies vitales para mitigar el cambio climático.

Los manglares son humedales que muchos ecoturistas les interesa conocer en países tropicales. El paisaje marino-costero que engalanan en regiones como la Costa Caribe colombiana es una de las postales más características de ciudades como Cartagena. (Sancionada ley que protege los ecosistemas de manglar en Colombia)

Además de ser un importante hábitat para peces, anfibios y otros organismos costeros, también propician la retención de sedimentos y la acumulación de materia orgánica, lo que favorece la consolidación de nuevas tierras. Por otro lado, protegen de la erosión costera y son barreras naturales para inundaciones y huracanes relacionados con olas invernales.

No obstante, en un mundo en el que el cambio climático dejó de ser un concepto para convertirse en una realidad, los manglares son protagonistas de una película que depende de distintas estrategias gubernamentales y privadas para definirse como de terror, drama o de superación.

Los manglares son sumideros de gases de efecto de invernadero (GEI), debido a la captura y almacenamiento de dióxido de carbono (CO2). Si no se almacena de forma natural y el ser humano la genera de forma desaforada, este gas junto a otros como el metano y el óxido nitroso, polarizan la capa de ozono de la Tierra y propician una especie de invernadero que altera la capa del planeta.

“Este manto es muy importante en el mantenimiento del equilibrio entre la energía que recibe la Tierra proveniente del Sol (radiación solar) y la que se devuelve al espacio (radiación infrarroja). Este equilibrio se conoce como balance energético, y permite que la temperatura de la Tierra se mantenga en los márgenes que posibilitan la vida en el planeta”, precisa la Fundación Omacha.

Pero ese fenómeno viene sucediendo hace décadas lo que derivó en el calentamiento global. Es por ello que los manglares al absorber dióxido de carbono, transformarlo en oxígeno hacia la atmósfera o transportarlo, a través de sus hojas, troncos, ramas y raíces, hacia la tierra fangosa, es un actor clave en la descarbonización de la Tierra.

El carbono, por ende, queda almacenado por cientos o miles de años bajo tierra y un porcentaje se libera en el agua. Sin embargo, ese proceso muchas veces se ve afectado por el hombre que usa el manglar como leña o lo depreda para construir lotes. Lo desconcertante es cuando la misma naturaleza es la que mata a esta vegetación, específicamente la Luna y sus movimientos.

Los bamboleos lunares y el Niño

La atracción gravitacional de la Luna sobre las mareas de la Tierra es solo uno de los muchos repiqueteos constantes de la vida en la Tierra. Ahora, los investigadores han descubierto que los ciclos lunares no solo sincronizan el momento de las migraciones de animales y el desove masivo de corales, sino que también pueden influir en las fluctuaciones en la cubierta de manglares.

Dado el creciente interés en los manglares como sumideros naturales de carbono, los hallazgos del estudio podrían mejorar nuestra comprensión de la cantidad de carbono que los ecosistemas de manglares probablemente extraerán y secuestrarán en las próximas décadas.

Comprender la conexión aparentemente extraña entre los ciclos lunares, las mareas y el crecimiento de los manglares también podría dar una advertencia anticipada de su vulnerabilidad a las sequías severas.

El estudio, dirigido por el ecologista de humedales, Neil Saintilan, de la Universidad Macquarie, midió la cubierta de manglares en todo el continente australiano utilizando un nuevo lote de imágenes satelitales de alta resolución tomadas entre 1987 y 2020.

Al profundizar en los datos, los investigadores encontraron una fluctuación sorprendente en la cubierta de los manglares.

Así como la Luna tira de las mareas de un lado a otro como aquellas que humedecen las raíces de los manglares costeros, las oscilaciones a largo plazo en la órbita lunar también afectan los patrones de crecimiento de estos árboles costeros.

Llamado el ‘bamboleo lunar’, este ciclo oscila cada 18,61 años, empujando las mareas bajas hacia abajo y empujando las mareas altas hacia arriba en dos fases distintas, de alrededor de 9,3 años de duración.

Este tambaleo, develó el análisis, parece ser un factor dominante que controla la expansión y contracción de la cubierta de manglares en gran parte del continente australiano.

“Cuando trazamos la tendencia en la cubierta de dosel anual a lo largo del tiempo, fue cuando notamos una oscilación realmente interesante en un ciclo aproximado de 18 años”, expuso el ecologista.

Afortunadamente, Saintilan había oído hablar del bamboleo lunar después de que los científicos de la NASA mostraran en 2021 cómo su próxima fase provocaría un aumento en las inundaciones costeras. Sumó dos y dos, y el equipo descubrió lo que parecía una fuerte conexión entre los ciclos lunares y los manglares.

“Cuando observamos en detalle el momento de los picos y valles del ciclo lunar, coincidió perfectamente con los cambios en la cubierta de los manglares, uno de esos ‘¡Eureka!’ momentos que obtienes algunas veces en tu carrera”, dijo el científico.

Cuando el bamboleo lunar esté en su fase mínima, los investigadores calcularon que los ecosistemas de manglares se secarían, experimentando menos días en los que sus raíces estuvieran saturadas y mayor estrés hídrico, lo que conduciría a una cubierta más delgada.

En su punto máximo, el bamboleo lunar podría impulsar las mareas más altas, lo que impulsaría el crecimiento de los manglares.

Sin embargo, cuando estos bamboleos se amangualan con el fenómeno de El Niño, causante de descensos temporales del nivel del mar, fuertes lluvias y sequías prolongadas, afectan a los manglares que dependen de que las mareas cubran sus raíces, especialmente en el este de Australia y las costas occidentales de América del Norte y del Sur.

“En 1728, los astrónomos se dieron cuenta de que el plano en el que la Luna orbita la Tierra no es fijo. Por el contrario, se tambalea hacia arriba y hacia abajo, un poco como una moneda que gira cuando empieza a frenar”, explicó Saintilan.

Y precisó: “Cuando las mareas están en su punto más alto, el agua inunda los manglares y aporta nutrientes, que aceleran el crecimiento. Estos periodos influyen potencialmente en la cantidad de carbono azul que almacenan los manglares en miles de kilómetros cuadrados. Pero cuando las mareas están en su punto más bajo, los manglares no pueden obtener el agua que necesitan y mueren”.

En 2015, las mareas a lo largo de la costa norte de Australia cayeron aún más bajo la influencia de El Niño, que desplaza el agua del mar hacia el Pacífico oriental. El resultado de la superposición del ciclo lunar y climático en el Golfo de Carpentaria fue la muerte masiva de manglares.

“Uno de los retos que teníamos era distinguir entre los efectos de El Niño y el bamboleo lunar, dado que tienden a ocurrir en el mismo período de tiempo en el Pacífico occidental. Algunos científicos incluso han sugerido que el bamboleo lunar puede contribuir a los intensos eventos de El Niño”, aseguró el científico.

Una peculiaridad importante

Para descifrar su hallazgo, el equipo contrastó dos elementos. “Nos basamos en una peculiaridad del bamboleo lunar y en una peculiaridad de la línea de costa. Por ejemplo, cuando unos 40 millones de manglares se secaron y murieron en el Golfo de Carpentaria, en el norte de Australia en 2015, la mayor muerte regresiva de manglares en la historia registrada, un intenso El Niño coincidió con un mínimo de oscilación lunar”, estableció el equipo investigador.

El clima extremadamente seco del intenso evento de El Niño no solo hizo que los niveles promedio del mar en el Golfo cayeran 40 centímetros (16 pulgadas), sino que la depresión en el ciclo lunar hizo que las mareas bajaran aún más, lo que significa que vastas áreas de manglares estaban sedientas de agua.

El análisis mostró que la muerte regresiva de los manglares también fue más pronunciada en las marismas que bordean las costas y los canales de los ríos, áreas sujetas a la gama completa de extremos de marea, lo que agrega peso a las conclusiones de los investigadores.

Estudios como este son importantes para desentrañar los ritmos naturales de la Tierra, y este, en particular, podría provocar investigaciones futuras que analicen si la capacidad de los manglares para absorber y almacenar carbono en sus suelos empapados también cambia con los ciclos lunares la forma en que la cubierta del dosel de los manglares lo hace.




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