<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Información clasificada revela el curioso objeto que entró en la Tierra

Un pequeño meteoro proveniente del espacio exterior de nuestro sistema solar golpeó el planeta en 2014 y sus restos yacerían en el fondo del mar.

La voracidad de la ciencia por conocerlo todo es infinita. Desde la antigüedad, el hombre primitivo miró al cielo intentando entender el porqué de ese sinfín de brillos celestes. Ese apetito por saber miles de años después no se sacia, aunque la evolución tecnológica haya puesto al hombre en la Luna o descubierto nuevos planetas a través de los años.

(Lea: Hito histórico: El Hubble detectó a Eärendel, la estrella más lejana jamás vista)

Actualmente, los astrónomos e ingenieros de la NASA y otras agencias espaciales están maravillados con los datos que ya comienza a arrojar el telescopio James Webb, principal apuesta científica que costó US$10.000 millones, lanzado el pasado 25 de diciembre para observar las primeras estrellas del universo y así estudiar el origen de este.

Hace ocho años, un pequeño meteoro golpeó la Tierra. Este provenía de otro sistema estelar y pudo haber dejado restos interestelares en el lecho marino. El suceso ocurrido en 2014 fue confirmado por el Comando Espacial de los Estados Unidos (USSC) en un memorando recién publicado.

La bola de fuego encandiló el cielo en una zona cercana de Papúa Nueva Guinea, en Oceanía, y los científicos creen que posiblemente arrojó escombros interestelares al océano Pacífico Sur. Sería el primer objeto interestelar conocido de cualquier tipo en llegar a nuestro sistema solar, que inicialmente fue señalado por un par de investigadores de la Universidad de Harvard en un estudio publicado en el servidor de preimpresión en 2019.

Amir Siraj, un estudiante de astrofísica de Harvard que dirigió la investigación, dijo que el estudio ha estado esperando la revisión por pares y la publicación durante años, pero se ha visto obstaculizado por las extrañas circunstancias que surgieron de la pura novedad del hallazgo y los obstáculos puestos por la participación de información clasificada del gobierno de los Estados Unidos.

El descubrimiento del meteorito, que medía unos pocos metros de ancho, es inédito, pues Oumuamua y el cometa Borisov, otros dos objetos interestelares que eran mucho más grandes y que fueron detectados por los científicos, nunca entraron en contacto con la Tierra. “Me encanta pensar en el hecho de que tenemos material interestelar que fue entregado a la Tierra y sabemos dónde está. Una cosa que voy a comprobar, y ya estoy hablando con la gente, es si es posible buscar en el fondo del océano frente a la costa de Papúa Nueva Guinea, y ver si podemos obtener algún fragmento”, expuso Siraj.

Para José Gregorio Portilla, profesor del Observatorio Astronómico Nacional, se trata de un hito importante para la ciencia, pues hasta ahora todos los meteoritos que se han recogido o que se detecta que chocan con la atmósfera terrestre provienen de muestro sistema solar.

“Al parecer, este objeto al impactar con la atmósfera venía con una velocidad demasiado alta, lo que sugiere que corresponde a un objeto que proviene de otro sistema solar. Se sospecha que este objeto, relativamente pequeño, haya podido sobrevivir al ingreso a la atmósfera, lo que anima a buscarlo. De poder hallarse, sería muy importante para la ciencia, pues permitiría por primera vez tener a mano una roca que proviene de otro sistema solar”, precisó Portilla.

No obstante, para Amir Siraj las probabilidades de tal hallazgo son bajas, porque los restos de la bola de fuego al explotar, probablemente, aterrizaron en pequeñas cantidades en una región dispar del océano, por lo que es difícil rastrearlos.

“Sería una gran empresa, pero vamos a analizarla en profundidad porque la posibilidad de obtener la primera pieza de material interestelar es lo suficientemente emocionante como para verificar esto muy a fondo y hablar con todos los expertos mundiales en expediciones oceánicas para recuperar meteoritos”, acotó.

Teorías alienígenas

En 2017, cuando científicos detectaron a Oumuamua, un objeto interestelar que mide alrededor de un cuarto de milla que fue visto rondando el sistema solar, se especuló que podría ser una pieza de tecnología alienígena. “No era un objeto normal. Medía 400 metros de largo, su ancho era diez veces menor y su superficie era rojiza. Rotaba de manera veloz, tenía una trayectoria caótica y su brillo cambiaba de manera abrupta”, describió la BBC en su momento.

Por consiguiente, ya muchos alimentan teorías alienígenas alrededor del meteorito interestelar que yace en el lecho marino en Papúa Nueva Guinea; sin embargo, los científicos interesados en hallarlo toman distancia de esa tesis conspirativa.

“Si bien se trataba de un objeto increíblemente pequeño, indica que el sistema solar puede estar inundado de material de otros sistemas estelares, e incluso de otras galaxias, que podrían aparecer en futuras búsquedas. Tales esfuerzos podrían ofrecer una visión de los mundos más allá del Sol aquí mismo en la Tierra, y tal vez incluso desenterrar meteoritos interestelares de buena fe”, explicó Siraj.

Y estableció: “Dado lo poco frecuentes que son los meteoros interestelares, los meteoros extragalácticos serán aún más raros”.

El profesor Portilla concluyó que los restos de este meteorito podrían dar información sobre las moléculas y minerales existentes en otro sistema solar. “Pero podría aportar muy poco a la posible existencia de vida en otros lugares, pues podría pasar que si se llegara a encontrar la roca (o varios fragmentos de ella) y se analiza en laboratorio y suponiendo que se encontraran moléculas orgánicas dentro de ella (lo que indicaría la existencia de los constituyentes básicos de la vida), lo más probable es que sea que esté contaminado de las moléculas orgánicas del lecho marino. A no ser que dentro de ella se encuentre algo absolutamente inusual, jamás observado dentro de un meteorito”.

Reciba noticias de El Universal desde Google News

Ver más de




Más noticias