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¿Qué es la economía del cuidado y cómo podría bajar el desempleo en Cartagena?

Reconocer los cuidados implica darle valor al trabajo doméstico no remunerado que se realiza en los hogares. Estas actividades podrían representar más del 20% del PIB en el Caribe.

El trabajo doméstico y las demás actividades de cuidado que se realizan en el hogar son tan valiosas como cualquier otro empleo. Es más, son estas labores las que de alguna manera sostienen a aquellos trabajos que sí son remunerados y que les permiten a muchas personas poder salir a cumplir con su jornada.

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Es por eso que en muchos casos, las mujeres se ven más limitadas que los hombres para conseguir un empleo, pues las actividades del hogar, que histórica e injustamente les han sido delegadas a ellas, en varias ocasiones, les impiden salir de la casa en busca de ingresos.

Preparar las comidas, hacer aseo, lavar la ropa, plancharla, guardarla, cuidar a otras personas en el hogar, entre otras actividades, hacen parte del trabajo doméstico y de cuidado, el cual en caso de ser remunerado, según cálculos del Observatorio de Mercado Laboral de Cartagena y Bolívar, podrían representar hasta el 27,7% del Producto Interno Bruto (PIB) de la región Caribe, un porcentaje superior al que ya aportan otras actividades económicas.

Dewin Pérez, docente e investigador del Observatorio señala que en estas actividades el aporte femenino corresponde a 21,9 puntos porcentuales, mientras que el aporte masculino es de 5,8 puntos porcentuales.

Así se reparten los cuidados
El Observatorio, con base en la encuesta nacional de uso del tiempo del Dane de 2021, estableció que en la región Caribe el 89,8% de las mujeres con edades iguales o mayores a los 10 años realiza actividades de trabajo doméstico y de cuidado a los demás miembros del hogar, mientras que en los hombres solo se trata del 52,2%.

Al mirar por actividades, se destaca que el 78,8% de las mujeres participa en actividades relacionadas al suministro de alimentos en el hogar, es decir a las actividades de preparar y servir la comida. Esta misma actividad en los hombres solo tiene una participación del 18,5%.

Otra actividad donde hay una evidente diferencia es en la limpieza, mantenimiento y la reparación del hogar, donde las mujeres participan con un 70,2% y los hombres con un 30,7%.

Los hombres solo acortan la brecha en las actividades relacionadas a las compras y la administración del hogar y en las labores de voluntariado, lo que evidencia el arraigo de la cultura patriarcal en la distribución de estas actividades.

Hacia un sistema de cuidados
Teniendo en cuenta la importancia de los cuidados y su relevancia para sostener el trabajo remunerado, Pérez asegura que este es en esencia un trabajo social. “El trabajo no remunerado debería repartirse de manera armónica entre el Estado, el mercado, el voluntariado y las familias, y dentro de las familias, entre hombres y mujeres”, dice Pérez.

En este sentido el docente asegura que la labor del Estado está en la provisión de bienes y servicios públicos relacionados al cuidado, como por ejemplo el de los niños y niñas.

“Los datos en el mercado de trabajo muestran que la presencia de niñas y niños menores de 6 años en los hogares condiciona negativamente la participación laboral de las mujeres, pues ante la ausencia de una infraestructura pública de calidad y de confianza, las madres tienen que incurrir en un enorme costo de oportunidad al tener que restringir su participación en otras esferas de la vida social como el estudio o el trabajo”, afirma Pérez.

En el 2010 se aprobó en el Congreso la Ley 1413, que regula la inclusión de la economía del cuidado en el sistema de cuentas nacionales. Esto permitió que en 2012 se realizara la primera encuesta nacional de uso del tiempo, clave para la medición del trabajo doméstico y de cuidado no remunerado.

Esto también aplica para los hogares donde hay personas que requieren cuidados especiales como adultos mayores, enfermos o en condición de discapacidad.

“Una infraestructura de cuidado unida a un mejor reparto de roles y responsabilidades entre hombres y mujeres reduciría el tiempo de trabajo doméstico y de cuidado no remunerado que recae sobre las mujeres, haciendo que puedan tener mejores posibilidades y resultados en el mundo del trabajo, en lo educativo y en su desarrollo humano”, resaltó el investigador.

Es así que implementar un sistema de cuidados también podría significar una reducción en el desempleo, teniendo en cuenta que muchas más personas podrían entrar a ser parte del mercado laboral.

En esa línea Pérez asegura que el aparato productivo también debe tener una mayor capacidad para poder albergar esta nueva fuerza de trabajo. “La respuesta la da el mismo sistema de cuidados, la infraestructura ligada a ella y las inversiones necesarias para su funcionamiento. Las inversiones en la economía del cuidado tienen efectos multiplicadores sobre el empleo incluso más altos que los que tienen sectores tradicionales”, puntualizó.

Medición, necesaria
Para Pérez, Cartagena aún está lejos de implementar un sistema de cuidados, sin embargo un buen punto de partida sería poder tener un diagnóstico de estas actividades en la ciudad, ya que los datos con los que se cuentan actualmente son a nivel de la región Caribe.

“La medición es fundamental para establecer la línea base, diagnósticos y futuros criterios de intervención, fijar los derroteros de la ciudad donde debemos estar involucrados todos los actores: gobierno, organizaciones, lideresas, academia, empresas, gremios, sindicatos, sociedad civil, etc.”, indica el investigador.

La medición implicaría poder hacer encuestas del uso del tiempo a nivel local e incluso barrial que puedan definir estrategias para avanzar en la implementación de un sistema de cuidados.




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