<img src="https://sb.scorecardresearch.com/p?c1=2&amp;c2=31822668&amp;cv=2.0&amp;cj=1">

Hay tragedias que se sufren entre flores: el suplicio de Maribel Contreras

Esta es la historia de una mujer que constantemente sonríe y acaricia las flores que vende, aunque la vida le ha dado la espalda en más de una tragedia.

Las risotadas de Maribel Contreras Romero irradian alegría y contagian de amor tanto al producto como a los clientes que le compran flores, pero detrás de ese júbilo se esconde la tristeza tras ver morir abaleados a un hijo y a un nieto, y luego salir huyendo de su casa en medio de un ataque de pandilleros.

Ella es una mujer luchadora de 60 años que vende su producto en unos kioscos en las afueras del cementerio Jardines de Paz, quien le ha tocado sobrellevar la crisis económica provocada por la pandemia, sumado a las perdidas millonarias que le dejó el incendio de su cubículo hace un año. También lea: ¡Tragedia! Familia queda en la calle por incendio en El Pozón

Su tragedia

Por mas de 25 años, Maribel vivió en Arjona y asegura que las AUC Bloque Montes de María, que operaban en ese municipio, asesinaron en 2001 a su hijo Edwin Fuentes, que para ese entonces tenía 16 años.

“Todavía siento dolor y todas mis tragedias me sucedieron en Arjona. Mi hijo de 16 años fue blanco de los sicarios en el barrio San José de Turbaquito, por no hacer caso a las órdenes que daban las milicias paramilitares, las que determinaban la hora en que la gente debía estar en la calle. Una noche esos criminales llegaron al barrio y abrieron fuego contra mi hijo mientras estaba en una esquina. Nosotros presentamos el caso ante el programa de Justicia y Paz en Barranquilla. Fuimos invitados a las audiencias realizadas por ese despacho en donde el asesinato fue reconocido por parte de los autores. La explicación que me dieron fue que Edwin no hizo lo que ellos dijeron: quedarse en casa”, relata.

Para Maribel la paciencia se convirtió en su refugio y está a la espera que la Unidad de Víctimas, donde reposa el proceso, le garantice la reparación. La ultima información que tiene, según comenta se la dio un abogado, indica que todo está en manos de la Presidencia de la República.

Entre rosas, claveles y pompones

La vendedora de flores nació en el barrio La Esperanza, llegó a ese puesto hace 37 años, su intención era pedirle ayuda a una amiga que vendía flores en la zona, estaba desesperada porque no tenía trabajo, era madre soltera y debía buscar alimento para sus tres hijos. La amiga la escuchó y le dijo que sí, pero podría darle el espacio solo los domingos. De inmediato ella aceptó el ofrecimiento.

“Me gustó la idea, por lo que comencé en esa misma semana a vender y me fui ganando clientes; le cogí la clave al negocio. Llegaban al cementerio a visitar las tumbas de sus parientes y compraban flores, y otras se las llevaban para conquistar. Yo me traía a mis hijos para la zona porque no tenía quien me los cuidara, me tocó vivir con ellos a sol y sombra en los improvisados kioscos de palma. Luego de un tiempo mi amiga se fue para otro lugar en el cementerio Jardines de Cartagena y me dejó éste. Ahora tengo cinco módulos que la administración del cementerio me obsequió hace unos 14 años, en dichos locales están ubicados mis hijos y mis nietos que me ayudan”, cuenta.

La otra tragedia

Maribel Contreras se había mudado a finales de la década de los 90 para el barrio San José de Turbaquito, de Arjona, en compañía del padre de los otros dos hijos. En su nueva casa le tocó soportar la perdida de su hijo Edwin en 2001 y en 2018, otra tragedia le tocó la puerta.

“Esta vez mi nieto, que también se llamaba Edwin, con apenas 18 años murió en un ataque de jóvenes luego de sostener diferencias con la denominada pandilla ‘los Tronquistas’. Esa noche fue terrible. Nunca pensé que las cosas iban a llegar a los extremos, tanto fue así que la casa la atacaron con piedras y con balas, nos hicieron salir de ella, algunos de mis hijos resultaron heridos por los proyectiles que dispararon. Nos tocó dormir en un parque porque de la casa no quedó nada”, narra con aflicción.

Al amanecer, ella se regresó para Cartagena, al barrio El Pozón, donde se metió en una casa de su propiedad al lado de la Institución Educativa Luis Carlos Galán, en este inmueble se resguardó con sus cuatro hijos, nietos y bisnietos.

No todo es color de las rosas que vende, pues las condiciones de la vivienda no son las optimas, debido a que se inunda cada vez que llueve por efectos de la falta de planeación del drenaje que vierte las aguas a la ciénaga de la Virgen.

Un incendio, infortunios sin piedad

Para Maribel, la llegada de la pandemia le dejó estragos económicos porque le toco encerrarse y no vender flores, teniendo en cuenta que el ingreso a los cementerios quedó restringido. Cuando comenzó la reactivación de la economía, recuerda que en la madrugada del 19 de septiembre de 2021 sus cinco kioscos comerciales ardieron en llamas misteriosamente.

“En la mañana me llamó un cliente y me dijo que mi negocio estaba quemado, cuando llegamos no encontramos nada pues todo quedó en cenizas. Nadie vio nada ni nadie dijo nada. Es un misterio en el que creo que hubo manos criminales porque en este sitio no tenemos redes eléctricas ni gas ni encendemos velas. Las perdidas fueron millonarias”, expone.

Ella dice que nunca recibió un informe oficial de las razones del incendio por parte del cuerpo de bomberos que atendieron el caso, como tampoco ayuda de la Alcaldía de Turbaco. Hoy las deudas con los proveedores le acosan.

Maribel dice que su alegría se la transmite a las flores, por eso las acaricia todos los días y les habla con amor. Espera además de la reparación estatal, ser incluida en un programa de vivienda por parte del Gobierno.




Más noticias