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“Aquí tenemos los grifos de lujo”: el problema de los turbaqueros con el agua

Por su condición geográfica y la gran cantidad de lomas y colinas, al municipio de Turbaco se le ha hecho imposible tener agua permanente en su totalidad.

“Antonio de la torre y Miranda era un conquistador español. Yo creo que él no se bañaba, porque paradógicamente, todos los municipios que fundó en Bolívar han tenido una tragedia con el agua”, son las palabras de Dionisio Acosta, quien lleva toda su vida viviendo en Turbaco y asegura que siempre les ha faltado el agua.

El municipio de Turbaco fue fundado en 1510, con una población de aproximadamente 73.000 habitantes. La mayoría saben cómo se sobrevive ante el inclemente sol en medio de un pueblo seco, empinado y donde son muchas las explicaciones de una aridez histórica. Por su condición geográfica y la gran cantidad de lomas y colinas, a este pueblo se le ha hecho imposible tener agua permanente en su totalidad. Lea también: Se acaba el mandato de Dau y Las Palmas y Jiménez siguen en mal estado

“Tengo 43 años y desde que tengo uso de razón no hay agua como se debe en Turbaco. Las cosas han mejorado últimamente en algunos barrios donde llega con frecuencia. Yo trabajaba en Prado Verde en una casa de familia y mi patrona si tenía agua permanente, pero eso es porque ellos compraron la casa en un proyecto de vivienda con su propia planta de tratamiento. Nosotros acá tenemos que sobrevivir cada mes con lo poco que llega, en nuestro barrio hay unos ojos de agua y con eso llenamos”, contó María Claudia Mendoza, habitante del barrio Arroyolejos a El Universal.

San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal
San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal

En algunos lugares se sufre más que en otros, y este es el caso de San José de Chiquito, un corregimiento en lo más recóndito, entre montañas y árboles secos. Ahí los grifos y las regaderas aún están de lujo, de hecho, en algunas casas ni siquiera se toman la molestia de instalarlas. Quienes lo han hecho se han visto condenados a observar cómo estos accesorios se llenan de telarañas, esperando que una gota salga. Pero lo cierto es que el agua no pasa por ahí... ni por casualidad.

Los mismos habitantes aseguran que este problema se le ha salido de las manos a todas las administraciones que han estado a cargo, sin dejar de lado que se ha hecho lo posible para mejorar la frecuencia con que llega el agua, tal es el caso del corregimiento de Cañaveral, que ya cuenta con su propia planta de tratamiento inaugurada este año.

“En el corregimiento de Cañaveral esta administración construyó una planta de tratamiento de agua potable, una petapa, la cual le suministra agua potable a todo el corregimiento a las 24 horas del día, los siete días de la semana. En cuanto a San José de Chiquito, le estamos suministrando agua potable por medio de carrotanquees de agua, hay un contrato vigente, el cual le está llevando agua potable no solamente a San José de Chiquito, sino también a Aguas Prietas”, explicó Pantaleon Prada, secretario de infraestructura de Turbaco a El Universal.

San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal
San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal

Los habitantes de San José de Chiquito esperan que la próxima administración ejecute este proyecto que le cambió la vida a sus vecinos de Cañaveral. Ellos por el contrario, temen a enfermarse por el tratamiento que durante años le han dado al agua que usan.

“En pleno 2023 aquí estamos atrasados, cómo es posible que a nosotros nos llegue mensual un carrotanque que nos abastece con doce galones de agua por casa. Del resto nos toca sacar agua sucia de las pozas, compras cloro para limpiarla y así poder usarla para bañarlos, hacer aseo y algunas familias hasta llegan a tomársela porque no tienen de otra. El viaje de agua a Turbaco en motocarro sale en $30 mil por 6 galones, no todos podemos pagar eso por un agua”, dice Alcibiade Torres Beltrán, habitante del corregimiento.

Torres Beltrán tiene 70 años de edad y lleva 40 viviendo en San José de Chiquito, su voz era interrumpida por el rebuznar de los burros cuando contaba a El Universal cómo observó hace años la instalación del tanque elevado que hoy está en la plaza del corregimiento, “tan enorme como un elefante blanco”, dice entre risas e impotencia.

San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal
San José de Chiquito, Turbaco. // Foto: El Universal

“Ese tanque vino sin base, comenzaron a trabajar ahí y yo desde el principio de dije a los obreros que eso no iba a funcionar, porque esa agua no servía para el consumo, estaba amarga. Ellos propusieron inicialmente que enviarían una muestra del agua a Bogotá para unos estudios, luego pagaron una millonada para excavar 70 metros y no encontraron agua. La tubería esa se pudrió y nunca funcionó”, relató el adulto mayor.

Regresando a Turbaco, la situación es más esperanzadora, los habitantes de algunos barrios dicen que el agua ya no demora como antes, ahora llega una vez por semana y no por mes, pero ya están acostumbrados a ahorrar porque hay semanas en las que no llega.

“Estamos acostumbrados a no tener agua, toda casa que aquí se construye debe tener mínimo una alberca o un tanque elevado, y eso no nos garantiza que vaya a alcanzar el agua para todo el mes. Los turbaqueros somos expertos ahorrando agua”, cuenta Liseth Pájaro, quien asegura que aprendió a bañarse con medio tanque de agua y a lavar los platos con dos porcelanas pequeñas, una para lavar y otra para enjuagar. Lea también: Esta es la fecha límite para cobrar los ciclos de Devolución del IVA

No solo ella como madre de familia conoce la preocupación de que llegue a faltar el tan apreciado líquido. Para sus hijos, la peor frase que pueden escuchar es “se acabó el agua”.

“Al problema de agua aquí en Turbaco le debo el cuerpo que tengo, aquí uno no engorda y saca brazo rápido. Los peores días son cuando toca lavar, en la casa somos ocho personas y ensuciamos bastante ropa, así que se necesita un viaje de agua como de 12 galones, por lo general esa agua la venden lejos. Antes la traíamos en carretilla o en burro, ahora por lo menos la transportamos en motocarro. Con la misma agua que se enjuaga la ropa a veces se trapea”, fueron las palabras de Deiver, hijo de Atala.

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