Qué quiere Dios que interpretemos de la pandemia de coronavirus

29/04/2020 - 19:20

Esta pandemia de coronavirus es un decreto de Dios, y tiene varios objetivos. Primero, anunciar y manifestar el inicio del apocalipsis. Segundo, hacer visible el absoluto poder de Dios en el cielo y en la tierra. Tercero, Poner a la humanidad bajo el signo de lo invisible y el poder de lo oculto. Cuarto, dar una lección a la humanidad en el sentido absoluto y global.

Dios manifiesta su poder como amo y señor de la naturaleza y le imparte la orden de conminar a todos los seres humanos en  este planeta, y a través de su astro rey, el Sol, en donde queda su Palacio de Gobierno del universo sale una frecuencia negativa. (No olvidar que para todas las culturas indígenas, que preservan el vínculo con el cosmos, el Sol es Dios)

Todo lo que sea malo en la Tierra vibra negativamente (políticos corruptos, ladrones, asesinos, mafiosos, viciosos, en resumen, todos los que transgredan el orden social y principios),  por consiguiente como la energía emanada es negativa se repele con todo lo que vibre negativamente, luego, todo será caos. Mientras que las personas e instituciones, en la tierra que viven dentro de los cánones de lo ético, lo correcto y lo bueno, que vibran positivamente establecerán un equilibrio energético que potenciará el bienestar, la felicidad, la riqueza, la prosperidad, la salud, el amor, etc. Lo positivo y lo negativo  se atraen, lo cual constituye una ley del universo, una ley de vida. La vibración, del Sol en estos momentos es negativa, y  no necesariamente debe ser mala, sino por el contrario, tiene como objeto estimular experiencias edificantes, el conocimiento, el desarrollo, entre otros aspectos.

 Ver el link, donde ya alertamos de este decreto que emana del Sol.

https://www.eluniversal.com.co/blogs/parmenidea/la-informacion-que-anuncio-mercurio-en-la-pasada-alineacion-con-el-sol

Sin embrago, por el decreto divino, todas las sociedades están confinadas por las medidas de aislamiento social. En efecto, los líderes de las naciones, sus presidentes, primeros ministros, reyes, entre otras figuras de mandato y poder, son quienes definen con sus consejos de ministros y asesores las medidas pertinentes recomendadas por la Organización Mundial de la Salud, OMS, y las aplican en cierto sentido, o hacen omisión de las advertencias, y en esa actitud acatadora o retadora, toman buenas o malas decisiones, que de una u otra manera preservan a sus pueblos del látigo de la pandemia o, por lo contrario, los abisman y los exponen al castigo, contagio y  muerte.

Además de todo lo anterior, la pandemia tiene implícita una lección que debía tomar toda la humanidad y:

  1. Quedará claro a todos quiénes son las personas que nos rodean, si ese amigo que dice serlo lo es en realidad o no, porque en las crisis se sabe quién es cada quien. La sociedad, los pueblos, sabrán si los políticos que dicen ser sus líderes y defender su bienestar son en realidad defensores de sus intereses o son saqueadores inescrupulosos de los bienes públicos. Las noticias gritan esa realidad en estos momentos. La lección debe enseñar a elegir bien, porque los líderes llevan a buen puerto o simplemente encaminan hacia el despeñadero a sus sociedades.
  2. Debe quedar claro que existe un Dios con sus poderes y designios. A los que les queda claro, que afiancen y renueven sus lazos con el Padre Creador, y no debe quedar espacio para la duda de Su existencia.
  3. Para los que están en la línea de la ambigüedad y la indefinición, que concluyan de una vez por todas, si cree o no en Dios, si están con Él o no. Y
  4. Dios quiere que ateos y escépticos sepan que pueden seguir disfrutando de la fiesta materialista que celebran, y de la vida, pero que tengan claro que detrás del telón de su teatro y de la afirmación de su verdad de ser producto de la nada y del desconocimiento de la inteligencia que les dio la vida, se beban el trago amargo de la duda: “¿será que el mundo se acabará o no?”.

Dios, mi Padre, nuestro Padre, espera a todo el mundo en el Juicio Final, en el año 2042, para que allí sí, tengan la certeza de su existencia y tengan, de igual manera, la recompensa de su promesa o la condena de los jueces de su Tribunal de Justicia Divina, tribunal, que a diferencia de los de la tierra, dicta sentencia en sabiduría y con rigor, donde nada queda impune. Frente a los jueces del Tribunal, los seres humanos sabrán que el demonio los acusa ante Dios, ese mismo demonio que los incitó a ser malos, ladrones, violadores, estafadores, calumniadores, viciosos. Todos sabrán que el demonio no es más que la creación energética de los pensamientos y acciones de los hombres, que fue la humanidad quien los creó y luego el demonio la hizo esclava de sí.

 

Nota.

Todos nuestros artículos en el que Dios Padre envíe mensajes a la humanidad a través de sus dos testigos, tendrán esta advertencia, y el costo personal y familiar puede ser muy alto:

Quien no esté en capacidad de ver en el mundo espiritual y de comprobar o no lo que decimos, mejor que permanezca en silencio, reflexione y le deje todo juicio al tiempo, que no haga ningún comentario en contra, no sea que por hacerle pulso al mensaje de Dios sea blanco de su ira. Toda persona que ataque la palabra de Dios en boca de sus dos ungidos, de los dos testigos del apocalipsis, se vincula a que la severidad de la ley divina lo castigue con tragedia y muerte, y con juicio sumario lo hagan descender a las mazmorras del Infierno. De forma idéntica a como cuando la autoridad policial captura a un delincuente, a un infractor de la ley, que los lectores consideren la debida advertencia, que reza: “Todo lo que usted diga podrá ser usado en su contra”. La ley se cumplirá de forma implacable. Ya llegó el momento, en consideración de la jerarquía celestial, que no se puede dejar pasar ningún tipo de faltas, y mucho menos afrentas e insultos al ejercicio de la autoridad de Dios y de sus plenipotenciarios aquí en la Tierra, en este periodo del fin de los tiempos.

 

Crédito de imagen del arcángel Gabriel, el mensajero de Dios: Digeón.


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