Historias secretas de las plazas de san Diego 1


Historias secretas de las plazas de san Diego 1.

 

1. EL BARRIO SAN DIEGO: ENTRE HURACANES, BALUARTES, CONVENTOS Y JAGUEYES.

1.1 Los escollos continuos de las fortificaciones.

La edificación de las fortificaciones de Cartagena de Indias, no fue como decenas de miles de personas consideran, producto de un acto sumatorio continuo y sin dificultades; nada más contrario a la verdad de la historia, pues el proceso duró de manera aproximada el tiempo de la colonización española: 300 años, los cuales fueron de crímenes, vejámenes y explotación inmisericorde de la mano de obra indígena y afro descendiente.

Vale escribir, que el proceso de construcción duró desde cuando  las huestes conquistadoras lideradas por el exterminador de gran parte de los pueblos originarios del Caribe colombiano,  Pedro de Heredia Fernández, ocupó el territorio de la aldea Karmairí en 1533 y construyó la primera fortaleza, hasta 1798 cuando bajo la dirección del ingeniero militar Antonio de Arévalo quedó construido el cuartel para las tropas de las llamadas milicias blancas, víveres y municiones, conocido con el nombre de las bóvedas, en el barrio santo Toribio.

Santo Toribio, hoy san Diego, al igual que el resto de la ciudad colonial no fue ajeno a las dificultades vividas por la colonia para convertirse en plaza fuerte, una de las llaves de Indias, y antemural de las Indias, de acuerdo con el plan de defensa ordenado por el rey Felipe II, para proteger a los Reinos de Indias.

A la paquidérmica burocracia española, a la relativa falta de recursos económicos, al ataque de piratas, corsarios y flotas enemigas de España se unió las fuerzas hostiles de la naturaleza que en distintos años derribaron las cortinas de murallas y algunos baluartes construidos en madera y fajina.

1.2. CUANDO LOS VIENTOS DEL NORTE DESTRUYEN LAS FORTALEZAS Y EL CONVENTO DE SANTA CLARA.

San Diego, más que ninguno de los restantes barrios de Cartagena colonial (san Sebastián, santa Catalina, Nuestra señora de la Merced y Getsemaní) sufrió las inclemencias de los llamados “nortes” vientos huracanados que durante tres siglos azotaron a la ciudad, y algunos estuvieron a punto de destruirla; algunos de estos fueron los de 1588,1664,1671,1713, 1714, 1718, 1762 y 1878, entre otros.

Me detengo en los siguientes” NORTES” con documentos en mano, facilitados por Enrique Marco Dorta y Urueta y Piñeres:

Dorta, en el texto “Cartagena de Indias, puerto y plaza fuerte” refiriéndose al furioso norte de 1588 escribe:

Un temporal que la azotó en los días 4 al 6 de noviembre de 1588- el primero del que hay constancia histórica- estuvo a punto de destruirla por completo; el mar se  abrió paso hacia la Caleta(zona de El Limbo-Bocagrande) con tal fuerza que corrieron peligro de zozobrar los navíos que estaban fondeados en el puerto; los fuertes quedaron arrasados y la parte que cae a la tierra adentro, donde está un puente, entre la ciudad y el convento de san Francisco se anegó totalmente, hasta el punto de quedar cortadas las comunicaciones con la tierra firme (P.16).

Dorta continúa:

 En 1669…obedeciendo lo dispuesto en una real cédula, se reunió en Cartagena una junta   con el fin de informar el estado en que se encontraba las murallas y el castillo de Bocachica… se hizo un parapeto en la estacada que defendía la puerta de santa Catalina…

Se hizo otro con banqueta de piedra y terraplén en el lienzo de muralla que habían arruinado los “nortes” de 1664, detrás del convento de La Merced; se repararon unos socavones  abiertos por el mar, en las murallas a espaldas del convento de santa Clara, y quedaba por reparar una brecha que los temporales de 1671 habían abierto en uno de los frentes del baluarte del Tejadillo.

Todos los caños y ciénagas que rodeaban la ciudad fueron interceptados con estacadas y entre esta y el arrabal de la ciudad se hizo, además un dique de tierra y fajina (Haz de ramas que sirven de revestimiento, utilizado en la guerra con el fin de trazar obras, cegar fosos y construir trincheras y parapetos: Wikipedia) dejando un postigo estrecho(puerta) para el paso de las canoas, el cual se cerraba de noche”. (P.P.192, 193).

Urueta y Piñeres en “Cartagena y sus cercanías” escriben en torno al norte de 1713:

Un pasaje del informe dado por don Francisco Javier Melgarejo, procurador de la ciudad sobre los daños causados por la tempestad ocurrida en el año 1713…dice que…habiendo sobrevivido el 22 de este mes (octubre) el correr en la costa de esta ciudad el viento norte, con tanta rigurosidad que ha continuado hasta el día de hoy y continúa incesantemente de que se ha originado el que hallándose esta ciudad por la  mayor parte de su circuito de fortificación de muralla alguna, más que la defensa limitada de esta cara( la estacada que había desde la playa de Ballestas: Artillería hasta el fortín de santa Catalina), se ha consumido y llevado la mar, la mayor parte de esta cara.

De suerte que se ha llegado a tanto extremo que en el convento de religiosas de santa Clara, que está su fábrica sobre el mar, se ha caído una pared que era un huertecito del convento, y prosiguiendo la mar en su furia llegará a este extremo de que lo interno de la fábrica en que está fundada la vivienda de las religiosas y la iglesia se caerá toda…

…y así mismo, en el convento de las religiosas de La Merced Calzada de esta ciudad, en la fábrica que ha quedado que es muy limitada para la vivienda de las religiosas, pues la mayor parte de ellas, en otras ocasiones se ha caído y demolido…y entre el medio de ellas se ha comido la mar todo el sitio de tierra, sólo que había defendido con la estacada que se ha llevado la mar”. (P.P.96,97).

1.3.SAN DIEGO: TIERRA DE JAGUEYES.

Desde los tiempos de la expansión urbana de la colonial Cartagena en el siglo XVII, la zona identificada como santo Toribio fue considerada como un alfoz, es decir un entorno mediato de Cartagena , de acuerdo con el concepto de Rosa Díaz,(1994), esto es un poblado que dependía de la ciudad y estaba sujeto a la ordenación de esta, y a su vez era tierra de jagueyes, de los que se surtían de agua dulce los habitantes del barrio y los vecinos de este, sobresaliendo entre sus 79 jagueyes, aljibes o pozos, el jaguey real por su importancia pública y social que posibilitaba la interacción entre las diversas clase sociales en que estaba organizada la ciudad.

La abundancia de agua dulce en el antiguo barrio santo Toribio, obedeció, a la relativa altura en que está situado, en una “serrezuela” de acuerdo con los criterios geográficos de la época, comparado con el resto de la ciudad colonial, caracterizado como una playa arenosa y baja por algunos de los ingenieros españoles responsables de las fortificaciones.

Así, en el barrio era posible obtener agua dulce o potable a escasos centímetros de la superficie siguiendo la ancestral costumbre de los originarios Karmairíes Caribes; de este modo la presencia de manantiales subterráneos, en la serrezuela facilitó la construcción de los jagueyes surtidos con agua potable considerada un verdadero tesoro para la época, dadas las condiciones ambientales de la ciudad, calificada bajo la categoría de “carente de agua para ser habitada”. En torno al tema de los jagueyes, les invito a consultar mi artículo “Tres nuevas plazas emblemáticas de Getsemaní,” publicado en este medio: eluniversal.com 13/09 2022.

Sin embargo, pese a esta riqueza natural, no faltaron los ingenieros militares que hicieron la propuesta de construir el cinturón de murallas y baluartes, cortando por la playa del Tejadillo.

 Con anterioridad (en 1595) el ingeniero Bautista Antonelli, precursor de la propuesta de la fortificación total de la plaza propuso la traza del recinto amurallado por la plaza de san Diego, dejando por fuera la mitad del creciente vecindario; ello, porque como afirma Dorta…El recinto amurallado era algo menor que actualmente, pues por el este cortaba el caserío por lo que es hoy la plaza de San Diego. (P.58).

De igual manera, el número de originarios de Karmairí, era cada vez menor, mientras se acrecentaba la población esclavizada traída de África, y de manera especial la de los invasores españoles.

Sobre este tópico poblacional Rosa Díaz y Raúl Paniagua afirman:

“Estos cambios poblacionales que se reflejan tanto en la estructura urbana como en la socioeconómica, permiten, además la incorporación del barrio de los jagueyes a la ciudad mucho antes que Getsemaní (1534)

Así el gobierno colonial empieza a intervenir en los asuntos del barrio desde 1586, cuando el Cabildo de Cartagena, dicta una ordenanza que obliga a los vecinos del barrio de los Jagueyes a botar la basura en la cienagueta (Ciénaga del Ahorcado)…Sin embargo, en el plano de amurallamiento propuesto por el ingeniero Bautista Antonelli en 1595 se excluye la mitad del barrio…pero incluyendo dentro del perímetro urbano al jaguey real colocado en la plaza donde hoy queda el parque Fernández de Madrid que permitía el aprovisionamiento de agua dulce dentro de la ciudad”. (P.P.33,34).

De esta manera, entre huracanes, baluartes, conventos y jagueyes se estructuró el barrio santo Toribio (1621) con los siguientes límites en 1621:

“La estructura urbana del barrio de los Jagueyes, estaba casi igual a la de hoy; construidos ya los conventos de san Diego y santa Clara, los cultivos que quedaron fueron reducidos a los espacios comprendidos entre estos conventos, el mar y la ciénaga del Ahorcado y a algunos solares dentro del barrio…

El límite suroeste lo marcaba el margen derecho de la calle de La Moneda…los frecuentes nortes: la resaca arriba referenciada…llevó al gobernador Diego de Acuña en 1614 a construir una muralla desde el baluarte de La Merced, hasta el baluarte de santa Catalina, para evitar los embates del mar.

Esta muralla llamada de La Marina fue destruida por el mar, y en 1626 siendo gobernador don Diego de Escobar se inició nuevamente su construcción hasta 1638 cuando fue terminada. En este mismo año se reforzó la defensa de Punta Canoa hacia Tierra firme con la construcción del baluarte de san Lucas” (Díaz… (1994) P.P.41, 42.)

De esta forma, santo Toribio quedó configurado, o si se desea, protegido o limitado por los baluartes san pedro Mártir, san Lucas, y santa Catalina a la par del baluarte de santa Clara y por los barrios de La Merced y san Sebastián, mediando la calle de La Moneda con segunda de Badillo.

2. LA HISTORIA DE SAN DIEGO PRESENTADA POR DOS SOCIÓLOGOS CARTAGENEROS.

Más este proceso de consolidación urbana de santo Toribio, no fue fácil: del excelente libro: San Diego historia y patrimonio…” de los autores Rosa Díaz y Raúl Paniagua hemos seleccionado una serie de argumentos ,imprescindibles para comprender la formación y evolución urbana de San Diego durante la época colonial. 

Los argumentos son los siguientes:

a). Al ritmo de los cambios de Cartagena de Indias y la expansión urbana del barrio.

Las acciones y hechos de la historia de san Diego han estado relacionados con la evolución del centro de Cartagena, donde sus límites han variado al vaivén de los cambios que ha sufrido la estructura político-administrativa de la ciudad.

En 1595…el barrio iba hasta lo que es hoy el parque Fernández Madrid, dejando por fuera el poblado indígena. A finales del siglo XVI y principios del XVII, se extiende incluyendo las tierras que iban hasta donde hoy está la muralla cerca de la ciénaga del Ahorcado; para 1677, ya en la ciudad dividida en cuatro parroquias se establecen cuatro barrios: Santa Catalina, La Merced, San Sebastián y santo Toribio.

Las parroquias de santo Toribio y san Sebastián formaban el eje noroeste de la ciudad y estaban divididos por la calle de la Cruz y de La Moneda. Años más tarde, después de la independencia el eje del barrio varía y gira alrededor del convento de san Diego, dejando por fuera de sus límites a la iglesia de santo Toribio y terminando en la esquina de la calle de la moneda con segunda de Badillo.

Al interior de este proceso de consolidación urbana hay que destacar, de acuerdo con estos autores, la expansión urbana del sector que, a partir de 1548, sufre una demanda de solares para construir vivienda…

y en 1580 llega un número considerable de pobladores con licencia para residir en la ciudad, y grandes cantidades de negros, entre esclavos y libertos…Con el crecimiento de la ciudad surge una gran demanda de mano de obra artesanal para las construcciones de las casas, lo que produce grandes migraciones de artesanos españoles, extranjeros, negros libres y esclavos que van a poblar el barrio de Los Jagueyes…Pero también, muchos de estos nuevos habitantes, aprovechando la abundancia de agua se dedicaron a la agricultura, para proveer según … Rodolfo Ulloa, de vituallas y hortalizas al resto de la ciudad.

b) Desaparecen los amerindios originarios y sus modelos de vivienda.

Pero a la par del crecimiento urbano, a fines del siglo XVI, y de las construcciones con materiales duraderos de mampostería, desaparecen las viviendas de los amerindios originarios y con rapidez la propia persona de estos al punto que en el siglo XVII (1675) sólo se contaban 4.448 indígenas” (originarios)y el censo de 1777 refleja la impresionante cifra de sólo 88 amerindios:28 hombres y 60 mujeres que representaban el 0.6% de la población total de Cartagena:13.690 personas (Meisel, Adolfo. Cartagena de Indias en1777: Un análisis demográfico. (Consultado octubre 04.2022)

Igual suerte corren las fortificaciones de madera y fajina, las cuales desaparecen con el paso del tiempo y la acción violenta y recurrente de los “nortes”. (P.P.33,34). Entrado el siglo XVII, la construcción de las fortificaciones se hará con materiales duraderos, que sobreviven” … muchas de estas, hasta nuestros días del 2022.

c) El tipo de las nuevas viviendas, los oficios y el estrato social.

A diferencia de los barrios de san Sebastián y La Merced, las viviendas de santo Toribio… no se construyeron casas fuertes como en el centro de la ciudad… tal vez por ser este barrio el sitio más alto de la ciudad y por no estar aún amurallado no tenían sus casas balcones o volados de madera, ni segundos pisos necesarios para tomar la brisa que venía del mar.

En 1611 es fundado el convento de san Diego, (el de santa Clara fue construido en 1621)y el acta de fundación registra  que es de mucha importancia  en la parte donde está fundado por ser parte remota de la vecindad de la ciudad, el barrio que llaman de los jagueyes , muy apartado de las otras iglesias y que los moradores sufrían mucho al acudir a ellas por el rigor del calor y el sol que en ella hace, y ser gente pobre, que muchos no tenían mantos para ir a misa y  allí van con cualquier remiendo de vestidos y que los enfermos padecían el riesgo de morir por la dicha distancia de otras iglesias.

 Estos conceptos-señalan Díaz y Paniagua-“indican claramente la condición socio-económica de la mayoría de los habitantes: barrio de clase baja, pero no marginal de la ciudad. (P. 39) La población que habitaba el barrio era muy heterogénea en cuanto a su procedencia y oficios, pero tenían como constante, que a pesar de ser aceptados por los españoles que vivían en el centro de la ciudad estaban alejados de las decisiones del poder”.

“Existían entonces negros libres, negros esclavos que se agrupaban de acuerdo a su procedencia, ya fueran carabalíes, mandingas, ararás, etc., había españoles artesanos, hortelanos, y muy pocos dedicados al comercio, que era la principal actividad económica de la ciudad. El barrio estaba conformado por lo que hoy podríamos llamar la clase baja, pero no marginada”.

En torno a esta situación, Adolfo Meisel en su trabajo: Tres siglos de historia demográfica de Cartagena, explica que las personas censadas bajo la categoría de don o doña reservada para los poderosos económica, política y socialmente en san Diego sólo aplicaba el 8.9% de la población es decir 278 personas , mientras que en san Sebastián existían 440 personas (27%) y en  La Merced 300(18.6%) cobijadas bajo esta categoría.

En Getsemaní sólo aplicaban 61 personas, esto es, el 1.5%, lo cual confirma su esencia popular. (Banrepcultural. Consultado.10.05.2022).

d) La movilidad social y el servicio militar.

El barrio de los Jagueyes se fue poblando muy rápidamente de negros esclavos y emancipados, que hacían parte de los grupos sociales más bajos de la ciudad, desempeñaban diferentes oficios que no les permitían elevar su status. La única posibilidad de movilidad social para esta población era enrolarse en las compañías de pardos. Estas eran milicias de tipo provisional conformadas por vecinos que se convertían en regimientos en momentos de peligro para la ciudad y no hacían parte del Regimiento Fijo que era el regular. Las milicias pardas estaban formadas por personas mezcladas entre negros y blancos, tercerones, cuarterones, quinterones, etc. pero que al ser reconocidos como pardos se les aceptaba su predominancia blanca.

e) Corrales de negros y cabildos.

Por otra parte, la existencia de corrales de negros esclavos en la calle de santa Clara y en la plaza del Jaguey Real posibilitaban la interacción entre negros libres y esclavos. Con la permisividad de los amos, esclavizados y libres formaron los cabildos negros, que para los gobernantes representaban espacios de socialización y aculturación, evitando con ello, el descontento y la rebeldía, y para los negros eran organizaciones culturales donde además de conocer los mecanismos de dominación cultural podían conversar y reproducir su propia cultura. Especial mención merecen los bailes del Cabildo y la participación de estos en las fiestas de Nuestra Señora de la Candelaria, según lo describe …el general Joaquín …Posada Gutiérrez.

De esta manera los autores de estos argumentos continúan explicando la historia del antiguo barrio Santo Toribio, hoy san Diego, hasta fines del pasado  siglo XX, sin omitir  el desastroso proceso de gentrificación que vive el barrio, al igual que Getsemaní.

3. SAN DIEGO EN NUESTROS DÍAS: GENTRIFICACIÓN, TURISMO, COMERCIO Y UN ENCANTO IMPERECEDERO.

En nuestros días de octubre 2022, San Diego y sus habitantes sufre  el flagelo social y económico de la gentrificación , mediante el cual sus habitantes tradicionales son desalojados a través de la violencia económica de los poderosos, llegados de otros lares; sin embargo los sandieganos raizales se resisten de múltiples maneras a abandonar  el barrio que los acogió y al cual impregnaron su encanto personal y social, que lo convierte, quizás, en el barrio de mayor atractivo del centro histórico actual de cartagena.

Recorrer las calles de san Diego, es revivir su historia colonial, aunque atada a un presente incierto, pasado que contribuye a conservar la memoria de los sectores populares que construyeron las fortificaciones, las iglesias, los conventos y las casas bajas , que sobreviven  a más de 400 años   existencia.

Caminar  por las bóvedas,  por la calle del jardín, la del torno de santa clara, por ejemplo, remite la memoria y el ser a aquellos tiempos cuando los vientos del norte arrasaban las murallas hechas de madera y fajina, cuando la primera de las calles  estaba bien alejada del actual centro histórico ,  cuando san Diego era tierra de huertos y jagueyes, y cuando las madres pobres abandonaban  al hijo o hija recién nacidos a la puerta del torno del convento, para que las monjas clarisas los recogieran y criaran.

Sin embargo, existe también otro gran atractivo natural como es la presencia de la planta de campanas moradas, a la cual en mi barrio del Pie de La Popa he bautizado la “sandiegana”, la cual enamora con su fulgor y porte señorial al caminante, dando a entender que a la par del patrimonio cultural material e inmaterial de san Diego, el patrimonio natural le confiere también el encanto que enamora a propios y visitantes.

Para ello, no hay nada que pedirle a la imaginación, solo basta una lectura de este artículo y de los libros utilizados para su construcción, abstrayéndose de los centros comerciales, de los hostales y hoteles que circundan y configuran el barrio, de las decenas de comercios y ventas formales e informales y de los centenares de automotores que te obligan a buscar las escasas aceras que han dejado libres algunos locales comerciales.

Ya,  a manera de epílogo hay que resaltar que los baluartes de santo Toribio, san Pedro Mártir, San Lucas, santa Catalina  y santa Clara permanecen imbatibles frente al paso del tiempo, al paso diario de miles de automotores, que con sus emisiones de dióxido de carbono y la vibración de sus motores amenazan a las gentes y los monumentos, al olvido oficial al cual estuvieron sometidos  durante muchos años, a los mares de leva constantes, huracanes y tormentas que con frecuencia nos visitan y que reemplazan a los fatídicos “vientos del norte” y que quizás fueron estos los que impidieron la construcción de la muralla definitiva(sólo se levantó una estacada sencilla) entre los baluartes santa catalina y santa Clara, hasta cuando en 1798 , casi ad portas de la independencia frente a la tiranía española se construyeron las bóvedas, cuya historia explicaré a continuación  en la segunda entrega  de esta serie.

CONTINUARÁ…

PD.Fotografía toada de minube.com

Con los afectos de siempre, historiando para ustedes:

UBALDO JOSÉ ELLES QUINTANA.

 


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