Adiós a Pékerman y sus miedos


Mié, 07/04/2018 - 19:19


La primera clasificación de Colombia a un Mundial la viví hace poco. Nací en un año de Mundial, meses antes que empezara USA 1994; quizá por eso tanta afinidad con la pelota. Pasé gran parte de mis días cuando niño jugando fútbol y he pasado la mitad de mi vida viendo deportes, pero solo tengo atesorado en mi baúl de recuerdos dos Mundiales en los que Colombia jugó. Algo que mi generación no había saboreado nunca. Pasaron 16 años de frustraciones, distracciones, técnicos, jugadores, llantos y muy pocas alegrías, pero finalmente llegaron mejores días y con ellos: José Néstor Pékerman.

El técnico argentino llegó justo cuando arrancaba el año 2012, apareció en medio de las Eliminatorias Sudamericanas que ya habían emprendido el viaje a Brasil 2014. Pékerman tomó las riendas de la Selección en la cuarta fecha, y desde ese día todo cambió.

La revolución

Más allá del segundo lugar en las Eliminatorias de Brasil, el logro más importante del técnico argentino fue el convencimiento que tuvo sobre un grupo de jugadores que nunca había conseguido tiquetes a un Mundial, y otros que apenas se estrenaban con la selección.

Pékerman coincidió con una generación de un gen competitivo, pero que no sabía como llegar al éxito aún estando capacitado para alcanzarlo. Ese fue Pékerman, un guía para James, un amigo para Yepes y un padre para Falcao.

“Don José”, como le llamaban algunos con respeto, pudo reunir todas las fichas y completar el rompecabezas, y si bien no todas encajaban a la perfección, logró moldearlas hasta hacer lucir su trabajo partido tras partido cada vez mejor.

Si hubo algo que disfrutamos del camino hasta llegar al Mundial de 2014 fue la calidad del juego que teníamos en cada partido. Esa generación de jugadores empezó a hacer todo bien, la mano de Pékerman se notaba. Yepes, con su experiencia, sostenía al equipo en los momentos de crisis; Camilo Zúñiga, como lateral derecho, era vital para darle la salida limpia al equipo; Edwin Valencia se posesionaba en mitad de campo y los balones los recuperaba como si tuviese un imán en sus botas; James era un chico con una técnica exquisita que con su determinación resolvía cualquier acertijo, y Falcao, en cambio, marcaba goles hasta sin querer y era el mejor delantero ‘9’ del Mundo.

Todo nos salía bien, los futbolistas vivían en constante armonía dentro de la cancha, pero el manejo de grupo en el vestuario por parte del cuerpo técnico también se robaba las luces y flashes.

La Selección volvió a tener identidad. Los futbolistas se reunían alrededor de la pelota, ella era la protagonista. Hacerla correr y moverla bien logró que cualquier partido pudiese destrabarse e inclinarse a favor de los colombianos, y allí Aguilar, Teófilo, Macnelly y Aldo Leao fueron los mejores exponentes. Manejaban los tiempos y los ritmos al ‘son’ necesario.

Nos paseamos en las eliminatorias, las disfrutamos y me atrevería a decir que fuimos los mejores en la ruta hacia Brasil.

En el Mundial nos reinventamos sin Falcao, pero con James en estado de gracia y ‘modo dios’. Rodríguez se convirtió en el máximo goleador del Torneo y, con una ‘performance’ que le llevó a jugar a Real Madrid, fue la gran figura de Brasil 2014. Colombia hizo historia ganando sus tres juegos en la fase de grupos, venciendo a Uruguay en el mítico Maracaná, en los octavos de final, y mirando a los ojos a los ocho mejores de la competición.

La traición de Pékerman a sí mismo

En los cuartos de final, ante Brasil, Pékerman fue desleal a lo que tanto tiempo había invertido en los dos últimos años. Colombia había sido un rival difícil de descifrar, porque si bien el equipo no jugaba igual que en las eliminatorias, si lograba combinar, por momentos, un juego dominador con la pelota, dándole el ritmo adecuado para generar espacios en el rival o también siendo una escuadra vertical que a partir del desborde y el juego en bandas, marcaba la diferencia. Sin embargo, ante la anfitriona, Pékerman modificó el XI y sacó a Abel Aguilar de la titular para darle ingreso a Guarín, buscando igualar en dinámica a la Brasil de Scolari.

La Selección ya se había acostumbrado a mirar a los ojos a cualquier rival, y ante Brasil también lo hizo, pero fue el mismo Pékerman quien perdió el enfoque en el juego y se concentró en la historia mundialista del local. En el interior del cuerpo técnico existió más que respeto, pánico a la camiseta de Los Cariocas, pero los jugadores, a pesar de patear el tablero y buscar la victoria, no alcanzaron a colarse entre las cuatro mejores selecciones del mundo.

Sin recambio post-Mundial

Luego del Mundial de Brasil llegó la debacle futbolística. Colombia no logró el empalme generacional y Pékerman murió con los suyos: los jugadores que le habían respondido en años anteriores pese a que no se encontraban en su mejor momento deportivo.

La nueva generación aunque hizo parte del proceso, no tuvo las chances para asentarse y empezar a competir. En las dos ediciones de la Copa América que tuvimos en años seguidos, Chile 2015 y la celebración del Centenario en los Estados Unidos 2016, pocas modificaciones existieron y los partidos empezaron a ganarse “al como sea”, sin una idea definida de juego y sin una estructura clara para atacar o defenderse.

Camino a Rusia 2018, José Pékerman nunca encontró las fichas y estando incompletas era imposible armar el ‘Puzzle’.

Colombia no tenía identidad en su juego y con Falcao todavía ausente, ningún delantero logró marcar la diferencia. Victorias agónicas, empates sufridos y derrotas a las que no se podían escapar fue el común denominador en las Eliminatorias.

Sin lo colectivo, Colombia solo se mantuvo compitiendo porque la determinación de James Rodríguez le alcanzaba para sobrevivir ante cualquier adversidad.

Solo hasta la última jornada se definió el paso de Colombia al Mundial de Rusia, fue precisamente James quien marcó en el empate 1-1, ante Perú, en Lima, que acabó clasificando a ambas selecciones.

Decisiones en Rusia

Pékerman sorprendió con la convocatoria de los que estarían en el Mundial dejando a Cardona por fuera de los 23 que llevó a Rusia, y el grupo sintió la ausencia de un futbolista que en varias ocasiones también usó capa y fue el héroe de la Selección. Edwin entregó la victoria ante Bolivia en La Paz, 2-3, en Asunción 0-1 ante Paraguay y selló la victoria 2-0 ante Perú en el Metropolitano, todo esto camino al Mundial.

Ya en Rusia, Colombia pisó mal en el debut y cayó ante Japón. Un partido accidentado por la expulsión temprana a Carlos Sánchez y un golpe que le dejó ‘groggy’ y del que no logró levantarse.

Ante Polonia, parecía que las cosas volverían a la normalidad y con los mejores hombres que tenía en su plantilla, Pékerman alineó a los de mejor pie y Colombia disputó su mejor partido del Mundial.

Llegó Senegal y la lesión de James Rodríguez terminó atorando el colectivo de Colombia y dejando al jugador más determinante de la Selección por fuera de los octavos de final; a los que se llegó de manera agónica y sin jugar bien en el compromiso definitivo ante los africanos, en el que Yerry Mina, de cabeza, luego de un cobro de esquina, entregó la victoria y la clasificación entre los 16 mejores.

Ante Inglaterra, como ante Brasil, y luego de que todos creían que Pékerman había encontrado el equipo de gala cuando alineó a los once frente a Polonia, José volvió a traicionarse. El miedo fue nuevamente el protagonista y el planteamiento táctico lleno de pánico.

Sin su mejor futbolista: James Rodríguez, y ante el buen Mundial que venía ejecutando Quintero, Mateus Uribe y Wílmar Barrios, se esperaba que esos tres nombres estuviesen como titulares en el histórico duelo ante los británicos. Sin embargo, Pékerman decidió defenderse y aislar del juego a Falcao, Cuadrado y Quintero, desechó el buen pie de Mateus y prefirió un trivote defensivo en el que primó la fortaleza defensiva cambiando a Lerma por Uribe.

La alineación de Lerma llevó a que uno de los tres mediocampistas defensivos que alineó estuviese sobrando en cancha. Colombia no sufría el partido, pero tampoco generaba peligro en el arco de los ingleses. Falcao fue uno de los futbolistas que más corrió, pero poco entró en contacto con la pelota, siempre estuvo detrás de ella, correteándola como un niño cuando juega al atrapar una gallina. Quintero, que desde niño, cuando estuvo en el Pony Fútbol, expuso que su juego se basa en pasar a los delanteros, no encontraba a nadie cerca a quien tocarle el balón. Pékerman nuevamente miró a los ojos a su rival, pero esta vez quitó la mirada por miedo a quedar eliminado.

El trámite del juego en el primer tiempo dejó en evidencia que el técnico de la Selección Colombia se había equivocado: Inglaterra no infundía miedo ni acechaba con demasiado peligro el arco de Ospina. Fracasó el plan.

Pékerman falló, y ya no gestiona con la misma claridad sus estrategias ni planteamientos. A pesar de todo, creo que a lo largo de estos 6 años y medio han sido más los aciertos.

“Don José” logró ilusionarnos en ambos Mundiales y hacernos creer que podíamos ser campeones. Una locura, pero lo creíamos posible y ahí ha estado su impacto en estos años al frente de la Selección Colombia: en el convencimiento y el trabajo mental en los jugadores. Y esta generación de futbolistas creyó que todo era alcanzable, hasta que Pékerman se los permitió.

Aún se desconoce si José Néstor Pékerman continuará al frente de la Selección, pero Colombia necesita tomar nuevos aires, implantar nuevas ideas y tomar nuevas rutas para esta nueva generación.

Gracias, Pékerman, por unirnos como país e ilusionarnos en cada competición. Gracias por guiarnos a dos mundiales de manera consecutiva y gracias por ayudarnos a escribir una de las mejores páginas de la historia deportiva de Colombia. ¡Gracias!