Hablar de fútbol

COLPRENSA
RIO DE JANEIRO - BRASIL
3 de Julio de 2014 11:51 am
  • Hernán Peláez, periodista colombiano. // COLPRENSA

POR: HERNÁN PELÁEZ

En cada cita mundialista es gratificante el reencuentro con viejos compañeros de bregas periodísticas. Es el intercambio de experiencias y conceptos y también la ocasión de saludar a antiguos jugadores convertidos por razones de mercadeo en ‘opinadores de fútbol’. Algunos lo jugaron bien, ven bien el fútbol, pero tropiezan a veces con el lenguaje de la comunicación. De los nuestros, me encantó saludar y abrazar a Fredy Rincón, ‘Tino’ Asprilla, el Pibe Valderrama. Encontrar a Valdano, Alfaro, Juan José Peláez, Chilavert y otros cuantos.

Quiero, sin embargo, destacar a un personaje que no conocía, sino por sus logros con Once Caldas, donde aún le deben un billete largo y en Nacional. Ya saben que voy a contar las gratas, largas y didácticas charlas con Juan Carlos Osorio. Un estudioso del fútbol, que se hizo a pulso en Inglaterra y Estados Unidos y quien sin secretos cuenta cómo es su trabajo de campo. Más allá de esos detalles que enriquecen nuestro conocimiento y ayudan para entender cada día más este apasionante tema del fútbol, se trata de saber cómo se las ingenia para manejar un grupo tan heterogéneo de jugadores, donde no todos están sintonizados sobre los objetivos a conseguir y cómo hacerlo. Maneja, como risaraldense que es, un idioma parroquial, sencillo, sin arabescos y desmenuzando, enterado que está, cómo plantear un juego, motivar a sus dirigidos, orientarlos en el campo disciplinario y estimularlos para alcanzar dimensión de jugadores valiosos.

Osorio, como admite que le diga, es una persona sencilla, que me explicó el porqué de los papelitos, práctica con la cual no estoy de acuerdo. Para ello me dio un ejemplo cierto: el día que Nacional pierde con Defensor de Uruguay por dos a cero en Medellín, y estando lesionado Bocanegra (el lateral derecho), convocó a Guisao para que lo ayudara en el plan de marca; le dio al oído la recomendación y el jugador ingresó, pero se ubicó en el sitio que no era; después de la derrota le preguntó a Guisao por qué no había cumplido con la encomienda; el muchacho en su ingenuidad solo atinó a responder: “No le dije nada a Bocanegra porque, profesor, se me olvidó”. Allí Osorio me hace énfasis en que por ello prefiere en pocas líneas enviarle al zaguero Alexis Henríquez, el mensaje por escrito, para que entienda qué se debe hacer. Ante ello, me resignó a darle la razón.

Es de esas personas estudiosas que en servilletas y en pleno desayuno diseña con claridad determinada maniobra o forma de jugar. Lo hace sin misterios ni reservas. Es seguro en sus ideas, las defiende y mantiene recuerdo permanente del Manchester City, donde estuvo seis años y de Kevin Keegan, con quien trabajó en su función de ayudante de campo.

Quiere llegar algún día a dirigir un seleccionado nacional. No sé si tendrá esa dicha. Por lo pronto solo digo que descubrí en él a un apasionado del fútbol, estudioso del asunto y un amigo para compartir y oír. Además no se engaña. Siempre me dice entre risas, y es sincero: “Estoy a tres derrotas seguidas de que me echen” y yo le conté la sabía frase de Ochoa Uribe, cuando le preguntaban sobre su contrato “Lo renuevo cada 24 horas”.