¿La Selección Colombia maduró o sigue siendo promesa?

COLPRENSA
SANTIAGO DE CHILE
22 de Junio de 2015 11:09 am

La derrota ante Venezuela (0-1) en la primera fecha de la Copa América de Chile trajo a la memoria de los miles de hinchas colombianos que viajaron al sur del continente, el episodio más triste de nuestra historia futbolística: el fracaso en el Mundial de Estados Unidos 1994.

Ayer terminó la primera parte del torneo, con un balance melancólico de 4 puntos, dos partidos malísimos contra la ‘vinotinto’ y Perú, un solitario gol de un defensa central que pescó un rebote y el resplandor del triunfo sobre Brasil. Luego de esta fase sigue sin resolverse la duda que se instaló hace nueve días en el corazón de los fanáticos: ¿La Selección Colombia ya es un equipo del primer mundo futbolístico o sigue siendo la promesa que se derrumba cuando más se espera de ella?

La tarea en esta Copa América ya no puede compararse con la desazón de USA-94: esta vez el equipo superó la primera fase. Pero la duda fundamental persiste, porque el torneo chileno parecía el escenario ideal para ratificar el excelente Mundial del año pasado en Brasil y la permanencia entre los primeros renglones del ranquin mundial de la FIFA. Hasta ahora nada de eso ha quedado refrendado y el equipo se parece más al abúlico que existía antes de la llegada de José Pékerman, que a la maquinaria de buen fútbol a que nos acostumbró el técnico argentino.

Por eso el partido del viernes próximo contra Argentina se convierte en un reto histórico. No solo por la obvia peligrosidad del equipo a enfrentar (el mejor o uno de los dos mejores ataques del mundo), sino porque se trata también de vencer a esos fantasmas que han vuelto a acosar al equipo nacional colombiano.

Caer eliminados ante los ‘gauchos’ sería cerrar una decepcionante Copa, con una victoria que ya es histórica, pero cuyo valor se convertiría casi en anecdótico. En cambio, pasar a las semifinales podría ser la última cuota en ese crédito que venimos pagando con la ilusión de ser considerados entre los mejores del mundo.

Avanzar a las instancias definitivas dejando en el camino a los dos más grandes de Suramérica ratificaría el favoritismo con que Colombia llegó a Chile y demostraría que sus jugadores por fin son capaces de salir adelante en las circunstancias más difíciles, de rendir según sus posibilidades y no según el rival que tengan al frente y de jugar a la altura de las expectativas.

Para plantarse de igual a igual con Argentina y superarla en la fase de cuartos de final, el equipo de Pékerman tendrá que replantear, al menos, cinco situaciones que han atentado contra el buen rendimiento que se esperaba:

1. Recuperar el equilibrio. La mayor paradoja de la Selección en la Copa América es que lo mejor que ha mostrado es la zona que generaba más dudas: la defensa.

La situación era angustiosa, porque había laterales casi sin actuar en el último año, centrales debutantes o que salían de lesiones y volantes de marca retirados de la nómina por lesión. Pese a eso, la marca ha funcionado tan bien que apenas ha permitido dos remates directos de Venezuela (uno de ellos gol), tres del temido Brasil y ninguno del Perú.

Pero es bien sabido que ningún equipo puede ganar solo con su fortaleza defensiva. Por eso, pasar a la semifinal será posible solo recuperando el equilibrio, es decir: manteniendo la solidez defensiva pero volviendo a ser peligrosos en ataque.


2. Volver al poder goleador. Este es el punto crítico de hoy. La delantera de Falcao, Teo, Jackson, Bacca y Muriel solo podía compararse en la Copa con la de Argentina. Pero en tres partidos (habiendo jugado cuatro de ellos), los arietes no suman ni un tanto y muestran una cifra más triste aún: solo cinco remates de gol en todo el torneo, dato que apenas es peor para Jamaica (4) y que está muy lejos de su rival del viernes, pues Argentina ha impactado 17 veces los arcos contrarios.

En el centro de la polémica generada por esta falta de fuerza ofensiva está el nombre de Falcao García. Es el único tres veces titular en la Copa y con la mayor cantidad de minutos jugados, pero manteniéndose muy lejos del nivel que tenía hace dos años. Por eso es inevitable preguntar si se acabaron sus oportunidades y es hora de ensayar con otra pareja: Teófilo – Jackson o Teófilo – Muriel.


3. Mejorar la frecuencia de creación. Si los delanteros no han asustado a ninguno de sus rivales no es solo por el bajón futbolístico en que han caído, también por la falta de eficacia de quienes los surten desde la zona de volantes.

Además de los cinco remates a gol, el conjunto produjo en la primera fase del torneo 41 jugadas que terminaron en al área rival, lo que supera de entre los clasificados a Uruguay, Paraguay, Perú y Bolivia, pero está lejos de los grandes favoritos: Chile, Argentina y Brasil.

En ese marco aparece el segundo nombre más cuestionado por estos días: el de James Rodríguez. El goleador de Brasil y posterior ídolo del Real Madrid ha sido un jugador más en la Copa América. Se ve impreciso y, lo que más preocupa, desmotivado. Su despertar es imprescindible para soñar con una clasificación a semifinal. Quizá lo ayudaría jugar al lado de Edwin Cardona, quien brilló en los pocos minutos que le dieron ante Venezuela.


4. Mantener la fortaleza en marca, sin caer en violencia. La guerra en que se convirtió el partido contra Brasil, en especial la vigilancia especial a Neymar le ha generado tantas voces a favor como en contra a Colombia.

Viendo las cifras, las críticas no parecen justas, pues la selección es la novena en faltas cometidas (49), pero pensando en el rival sí hay preocupación, pues Argentina es el equipo más limpio del torneo (36 faltas cometidas) y desde la prensa de ese país ya empezó una campaña para evitar que Messi llegue a un escenario similar al de la estrella de Brasil y Barcelona.

Colombia tendrá que seguir fuerte en marca, cuidándose de repetirse en faltas, pero con un escenario adverso adicional: no jugarán Sánchez (suspendido) ni Valencia (lesionado). Así que el peso lo tendrá quien menos ha actuado: Alex Mejía, junto a otro nombre por definir, que en cualquier caso será improvisado en tareas de marca.


5. Recuperar la alegría. Si algo transmitió la Selección en el Mundial de Brasil fue alegría. Cada gol, cada juego, cada salida al campo, cada día de torneo parecían de fiesta. No ha sido así en Chile. Ni en las canchas ni fuera de ellas se respira ese ambiente. Muchos empiezan a sospechar de roces internos en el grupo o de actitudes ‘sobradoras’ de algunos jugadores.

Como esos no han sido comportamientos de este equipo, hay confianza en que la alegría vuelva a la cancha y que desde allí contagie de nuevo a propios y extraños.