Cartagena de indias - Colombia
Miércoles 13 Diciembre de 2017

Ediciones anteriores


Iniciar sesión

Que no se te salga el blog

Un espacio para escribir sobre temas que tienen que ver con la música y las artes en general, sin dejar de lado los asuntos comunitarios y personajes del alma popular.

Una trompeta rompe la tarde...

Gabriel Jiménez Murillo es un trompetista solitario, quien todas las tardes cumple una cita que nadie le ha impuesto en la Plaza de la Aduana. Sus acordes provocan una lluvia de monedas.

09gabrieljimenezmurillo01.jpg
A las cinco de la tarde, el sol que agoniza por los lados de la avenida Santander suele extender sus últimas luces como un par de tijeras anaranjadas a través de la Iglesia San Pedro Claver. Y se sostiene penosamente sobre una parte de la Plaza de la Aduana.
A esa hora, Gabriel, vestido de negro, vestido con chaqueta y corbata, vestido todo de blanco, vestido con blazer a cuadros, pero armado siempre con su trompeta, coloca en medio de la plaza una cajita blanca de madera en donde dice muy visiblemente: “colabore con el artista”.

*Eduardo Pereira: “El chofer es el ‘pagapatos’ del transporte urbano”

A las 12 del mediodía, cuando el sol atiza sus fogones con rigor, Pereira conduce lento desde el Muelle de los Pegasos, tratando de recoger el máximo número de pasajeros que no pudo desde comienzos del día.

02trancones01.jpg
“Al perro más flaco se le pegan las pulgas”
Sancho Panza

“Por poco me lleva el diablo”: El Chino

Mucho antes de trabajar en la película Bandoleros, Wilman El Chino Restrepo fue un callejero del bajo mundo. Ahora es ejemplo entre los jóvenes del barrio Las Reinas.

elchino01.jpg

En Bandoleros, la película que un grupo de jóvenes del barrio Las Reinas rodó con escasos recursos técnicos y monetarios, Wilman Restrepo Taborda es el protagonista.
En el barrio le dicen “El Chino” o “El Chinaco”; y en el filme caracteriza a un ladronzuelo de poca monta, quien de un momento a otro alcanza “estatus” delincuencial al asociarse con un grupo de narcotraficantes que lo llena de dinero y fama, aunque posteriormente termina agujereado a balazos en una calle solitaria.

La ciénaga de Las Quintas, el quinto infierno

Relatan los viejos habitantes de Martínez Martelo que, en tiempos remotos, la ciénaga se alimentaba con aguas pluviales vertidas por caños naturales que fueron arrasados durante la construcción del mercado.

cienaga01.jpg
El panorama no podría ser más desolador.
Bajo la lluvia de las 6:00 de la mañana, lo que queda de la ciénaga de Las Quintas se ve como un cementerio gris en el que sobrevuelan garzas, alcatraces y mariamulatas que parecen no tener destino.
Desde los predios del recién construido puente del Corredor de Carga, en donde quedaba el segundo tramo del barrio La Cuchilla, un bote de madera con motor fuera de borda, rompe la quietud del agua en dirección hacia las espaldas del Mercado de Bazurto.

El nombre de las flores

Hoy me enteré que en el día de todos los muertos el número de rezanderos se multiplica y, desde las puertas del cementerio, inauguran el día ofreciendo sus servicios a los dolientes que se dispersan en las distintas direcciones trazadas por la mala urbanización del campo santo.

13cementerios01.jpg
Hoy, por primera vez, he sabido que esas flores que la gente compra antes de entrar al cementerio se llaman pompones, clavellinas, claveles y astromelias.
Hoy me enteré que en el día de todos los muertos el número de rezanderos se multiplica y, desde las puertas del cementerio, inauguran el día ofreciendo sus servicios a los dolientes que se dispersan en las distintas direcciones trazadas por la mala urbanización del campo santo.

Celia, una vida entre el cemento y la cocina

En Ceballos nació Celia hace 32 años, y fue allí cuando desde los 13 comenzó a jugar en serio con el cemento, las palas, los palustres, las llanas y los niveles de los vecinos albañiles que desplazaron sus casas de madera por ladrillos y novedosas tejas de asbesto.

06celia01.jpg
Desde hace nueve años, los días de Celia Montenegro Ruiz son iguales de laboriosos, aunque en cualquiera de ellos se celebre el Día de la mujer. Y aunque desde las 5:00 de la mañana esté despierta, alcanzando a escuchar los radios de los vecinos sintonizando los noticieros, su hora de abandonar la cama es a las 6:00.
A esa hora apenas llega de la calle Alfonso, su esposo, un indio wayúu silencioso, tranquilo y pulcro, como puede notársele a simple vista, pero abotagado por el trasnocho y la obligación de estar ubicado en una sola parte: Alfonso es celador.

En El Arsenal, entre cangrejos y recuerdos

Dice que desde los diez años se acostumbró a ver la calle congestionada por automotores grandes y pequeños; carretas de madera tiradas por hombres o bestias, mujeres palenqueras, colmenas y fondas que subsistían sobre una alfombra de fango negro y entre los eternos olores emanados del agua podrida de la bahía.

30carlos_junco01.jpg
Bajo una lluvia fina y molestosa el cuidador de carros reconstruye con palabras las cosas que había en la calle mucho antes de que aparecieran los adoquines y el Centro de Convenciones, que pocas veces ha visitado.
Dice que desde los diez años se acostumbró a ver la calle congestionada por automotores grandes y pequeños; carretas de madera tiradas por hombres o bestias, mujeres palenqueras, colmenas y fondas que subsistían sobre una alfombra de fango negro y entre los eternos olores emanados del agua podrida de la bahía.

Fiesta y corraleja, la banda sonora de las fiestas novembrinas

Sobre la suerte de esa producción, una vez salió al mercado, existen versiones encontradas. Unas dicen que fue concebida como un homenaje a las corralejas taurinas que aún se celebran en municipios de la costa Caribe colombiana, otras que se hizo pensando en las fiestas de Cartagena y en los carnavales de Barranquilla.

21fiesta_y_corraleja01.jpg
Más de 60 años de publicado cumplirá este año el trabajo discográfico “Fiesta y corraleja Vol.1” que grabó en los estudios Fuentes, de Cartagena, la agrupación “Pedro Laza y sus pelayeros”.
Sobre la suerte de esa producción, una vez salió al mercado, existen versiones encontradas. Unas dicen que fue concebida como un homenaje a las corralejas taurinas que aún se celebran en municipios de la costa Caribe colombiana, otras que se hizo pensando en las fiestas de Cartagena y en los carnavales de Barranquilla.

Barú, de penas y nombres

Cuando esta crónica fue publicada, Nicolás Curi Vergara era alcalde de Cartagena por tercera ocasión.

14baru1.jpg
Viajar por mar desde Cartagena hasta el corregimiento de Barú no es tan difícil: sólo hay que esperar la mañana para trasladarse a la parte trasera del mercado de Bazurto, cruzar hasta la ciénaga de Las Quintas, caminar por uno de los muelles de tablitas que penan en la orilla y embarcarse en una lancha motorizada por doce mil pesos el pasaje.

A veces llegaban cartas

Durante 18 años, Elisa Hernández Flórez envió cartas desde Venezuela a sus familiares residentes en Cartagena.

07elisa_hernandez_florez01.jpg
Durante 18 años, Elisa Hernández Flórez envió cartas desde Venezuela a sus familiares residentes en Cartagena.
Sus escritos volaban todo el año, desde Caracas hasta La Heroica, envueltos en el envelope fondo azul que lucía rombos azules y rojos en las orillas, y que todo el mundo usaba en esa época. En esas líneas venían las promesas del pronto regreso que muchas veces terminó aplazado.

Sol de lluvia

Este texto considérenlo como un homenaje al maestro Eduardo Herrán Garavito, el hombre de la foto precisa. Su ojo poético debe estar captando imágenes curiosas en los paisajes del cielo.

02sol_de_lluvia01.jpg

Yuri Buenaventura: “Mi maestro es el pueblo”

Es uno de los cantantes latinos más famosos en Europa y, al mismo tiempo, otro de los más desconocidos en Latinoamérica, especialmente en su patria colombiana, en donde los coleccionistas de salsa son los únicos que parecen tener en claro de quién se les está hablando cuando se les pronuncia en ese nombre.

23yuri_buenaventura01.jpg
Aunque fue quien utilizó menos palabras para presentar una conferencia, el salsero vallecaucano Yuri Buenaventura fue el más esperado y aplaudido durante el “Encuentro iberoamericano agenda afrodescendiente en las Américas”, que se realizó en Cartagena.

Sergio Rivero: volvió El Haitiano

Hubo que explicar nuevamente que el cubano era el autor de la canción Anita tun tun y el intérprete del tema Llueve que llueve, pues del Sergio Rivero que apareció en la carátula de Llegó El Haitiano, el LP que los cartageneros conocieron en 1982, queda muy poco.

16sergio_rivero01.jpg
Sergio Rivero llegó a Cartagena la noche del 2 noviembre. Su arribo se venía anunciando semanas atrás.
El comentarista radial Cheo Romero lo recibió en el aeropuerto Rafael Núñez y lo invitó a la taberna Areíto, de la Calle Larga, en donde un modesto público lo esperó sin tener muy claro a quién pertenecía la estampa en cuestión.

Los Lebrón en concierto

La música de los Lebrón no tiene definición, porque nunca se quedaron con un solo estilo. Su idea era siempre mezclar cosas, escribir de esta forma o de la otra, hacer coros nuevos, etc. Pero no quedarse en el mismo asunto.

lebron01.jpg
El sábado 26 de octubre fue la primera vez que los cartageneros vieron actuar a la orquesta de Los Hermanos Lebrón; o The Lebron Brothers, como la rotulaba la casa disquera norteamericana con la cual el conjunto puertorriqueño se dio a conocer en el mundo.
Ahora tienen 35 años de estar tocando esas fusiones extrañas, pero sabrosas, que les abrieron un lugar en el inmenso álbum de los intérpretes de música afroantillana que fundaron la llamada Salsa en el Nueva York de los años 50.

Emiliano Ramírez, una guitarra en las esquinas

Este amigo, quien se nos fue repentinamente, en realidad nunca se ha ido. En San Diego, en Getsemaní, en Marbella o en Bocagrande siguen sonando su guitarra, su voz y la conversación, que era su mejor música.

emiliano_ramirez01.jpg
La voz de Emiliano Ramírez se pasea como zumbido nocturno a través de las calles del Centro Histórico de Cartagena, mientras su guitarra sonríe melodías que elogian al bolero, la samba brasileña, el bossa nova o el jazz de todas partes.
Él también sonríe.
Siempre se ha valido de su sonrisa oscura, pero diáfana, para orificar el corazón de quienes terminan siendo sus amigos, solo por el gusto hacia la música y las buenas conversaciones.

Mbilia Bel: “Me dicen la abogada de las mujeres”

Sabíamos que algún día tendría que reencontrarse y cantarnos al oído, y en una mezcolanza de idiomas, las historias que bailábamos los fines de semana sin saber qué era lo que contaban, aunque teniendo la plena certeza de que algo en común nos aguardaba detrás de esas pronunciaciones.

mbilia_bel01.jpg
Traducción: Nadia Nascimento

El rostro de Mbilia Bel podría ser una luna llena.
Pero una luna que alumbre con su parte oculta, allí donde lo único que brille sea el incendio del talento con que le pone dulzura a las canciones que la han hecho famosa.
Eso quedó más que demostrado en el barrio Chiquinquirá. Casi podría asegurarse que no hubo quien no sintiera por dentro el cosquilleo y la emoción que la congoleña transmite con el filo de esa voz, entre veces hiriente y alborozada; y entre veces contundente y acariciadora.

Diblo Dibala: Soukus con mar de fondo

Diblo Dibala, "La guitarra más rápida del oeste", llegó a Cartagena y embrujó la Plaza de Toros con sólo cuatro músicos y dos cantantes. El sonido fue monumental.

diblo01.jpg
Traducción: Nicolás Contreras

La expectativa no era por él.
Más bien, la atención de los viejos y nuevos champeteros de Cartagena estaba centrada en la visita de M'bilia Bell, la desconocida intérprete de un listado de canciones que nadie en Olaya Herrera o Membrillal sabe de qué hablan. Pero se bailaron (y todavía se bailan) a todo lo largo de los años ochenta en los estaderos y picotódromos que se organizaban, improvisadamente, cada fin de semana para sacarle humo a los pisos de tierra.

Celio González en pocas palabras

He aquí un magnífico recuerdo de la última vez que el bolerista cubano Celio González, una de las voces gloriosas de La sonora matancera, estuvo en Cartagena.

celio01.jpg
Lo primero que impresiona en el encuentro con Celio González son sus manos incompletas y dobladas como garfios, manos que no tiene inconvenientes en extender para saludar, pero impresionan. Y él lo sabe. Aún así, nunca las oculta en sus bolsillos.

Rafael Ithier, el grandes ligas que no llegó al béisbol

El pianista Rafael Ithier, creador y director de El gran combo de Puerto Rico, cuenta cómo terminó siendo músico, aunque desde pequeño siempre soñó con ser una de las grandes estrellas del mundo beisbolero de los Estados Unidos.

ithier01.jpg
El viernes 28 de febrero, en las horas de la mañana, Rafael Ithier Natal estaba sentado en la terraza del Hotel Costa del Sol conversando ruidosamente mientras la brisa del mar del barrio Bocagrande empañaba sus anteojos de abuelo casi octogenario.
Esa fecha sería la enésima en que el director de El gran combo de Puerto Rico vendría a Cartagena a cumplir con un espectáculo musical que había sido reclamado por los aficionados a la salsa, gracias a la versión en vivo de “Hojas blancas”, que estaba sonando en las emisoras con la voz de Gilberto Santarrosa.

Ismael Rivera, ese sonero del barrio

Ismael Rivera siempre era nuestro vecino en cualquiera de los barrios populares de Cartagena. Nunca lo vimos pasar emitiendo un grito de saludo. Nunca lo vimos comprando en la tienda. Nunca lo vimos leyendo el periódico en la terraza o mamando gallo con los camajanes del parque, pero su canto lo invadía todo, su presencia era ineludible. Por eso era nuestro mejor vecino.

maelo1.jpg
El barrio quedó de luto festivo cuando las emisoras anunciaron que Ismael Rivera, “El sonero mayor de Puerto Rico”, había fallecido en su casa de la Calle Calma: su corazón se negó a seguir tamborileando bajo esa piel de guerrero dahomeyano que lo cubrió durante 56 años.
Y durante un día entero las emisoras de ese gran barrio poblado de esquinas y de esquineros, que es el Caribe, programaron toda una lista de canciones famosas y poco conocidas de quien fuera uno de los más grandes intérpretes de la música popular latinoamericana.

Blogger

Imagen de ralvarez

Rubén Darío Álvarez es periodista de la Universidad Autónoma del Caribe, de Barranquilla y redactor de planta del diario El Universal. Ha publicado tres libros: “Noticias de un poco de gente que nadie conoce”, “Crónicas de la región más invisible” y “La fuga del esplendor: conversación con la música cartagenera de los años 80”. Es uno de los conductores del programa “Música del patio”, que se transmite todos los domingos por la emisora UDC Radio, 99.5 FM, de 8 a 10 de la mañana.