Cartagena de indias - Colombia
Sábado 24 Febrero de 2018

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A la deriva

Espacio digital para dejar constancia de la casualidad. «A la deriva» es un Blog de crónica de viaje, opinión y cuento.

Cárcel inmediata

La rubia se hizo esperar. La noche del billar, entre platos de comida a medio comer, entre famélicas charlas de cansancio, la rubia decidió esperar. Yo la seguí. Sabía que me aguardaba su talismán de hielo, su tremenda posibilidad de frío y calor.

La rubia se hizo esperar.
La noche del billar, entre platos de comida a medio comer, entre famélicas charlas de cansancio, la rubia decidió esperar. Yo la seguí. Sabía que me aguardaba su talismán de hielo, su tremenda posibilidad de frío y calor.
Cuando todos se despidieron ella y yo sugerimos que íbamos a jugar billar. Las bolas estaban en su sitio, espaciadamente brillantes, dispuestas en el mejor sentido y anunciando como una señal irrevocable una noche de desvelo consentido. Adiós, buenas noches, que descansen.

A causa de; Leonard Cohen

A causa de unas pocas canciones en donde hablé de su misterio, las mujeres han sido excepcionalmente amables con mi vejez.

A causa de unas pocas canciones
en donde hablé de su misterio,
las mujeres han sido
excepcionalmente amables
con mi vejez.

Ellas hacen un sitio secreto
en sus ocupadas vidas.
Y me llevan allí.
Ellas se desnudan
en sus diferentes maneras
y dicen:

"¡Mírame, Leonard!
¡Mírame una última vez!".
Entonces se reclinan sobre la cama
y me cubren
como a un bebé que está temblando.

Derivando en vertical

Pensar en ti es mirar mi cara de vampiro emborronada. La del mundo que malbaraté. Y el infeliz dolor que esparcí como se riegan los tiestos.

Preferiría que pensar en ti no fuera el temible recordatorio de una culpa.
Del desbarajuste de toda una vida.
Del cataclismo que tanto buscamos.
Del cuero del tigre con el que me asusto, tras haberle dado muerte.

Pensar en ti es mirar mi cara de vampiro emborronada.
La del mundo que malbaraté.
Y el infeliz dolor que esparcí como se riegan los tiestos.
El amor y el frenesí que se llevó por delante mi ritual de once años.
El ciclón, la ventisca, el tornado, cuyo arrastre aún hoy me mantiene a la deriva.

Tantas veces

He visto tantas veces a lo inolvidable volverse olvido, en un abrir y cerrar de piernas, sobre la barra de cualquier bar, en las fotos de la chica que acaba de parir.

He visto tantas veces a lo inolvidable volverse olvido,
en un abrir y cerrar de piernas,
sobre la barra de cualquier bar,
en las fotos de la chica que acaba de parir.

He visto a la tristeza más férrea volverse agua pasada,
durante cualquier domingo sin nubes,
cuando el cielo abierto es otra duda
y el calor un chiquillo indómito.

He visto tantas veces a lo trágico convertirse en broma.
Me ha conmovido el gozo de los desposeídos,
la fuerza de su desaliento,
la inocultable dignidad de su danza,
y he visto también a la épica contra la promesa marchita.

Nunca morimos de viejos

La calefacción se apagó de repente cuando Kallum abrió los ojos. De una parte se sintió aliviado de que el ruido del pequeño motor dejara de quebrar el silencio de su habitación de alquiler; pero ello también significaba el enmudecimiento de la que había sido su única compañía. Desplegaba sus alas el diciembre recio.

Tan fácil como cerrar el cuarto. Doblar el periódico. Quitarse las gafas luego de un tibio masaje en las sienes. Echarse suavemente en la cama y esperar. Esperar lo imprevisible que sin embargo se anuncia un par de segundos antes de que ocurre.
La calefacción se apagó de repente cuando Kallum abrió los ojos. De una parte se sintió aliviado de que el ruido del pequeño motor dejara de quebrar el silencio de su habitación de alquiler; pero ello también significaba el enmudecimiento de la que había sido su única compañía. Desplegaba sus alas el diciembre recio.

García Márquez, el hombre invisible

Llover sobre una idea que le escuché ayer a Gabo, en una de las múltiples entrevistas que concedió a mediados de los noventa. Decía que si pudiera rechazaría la muerte de plano, pero dado su carácter inevitable, lo que le gustaría sería mirar la vida desde la muerte, “por un huequito”.

Llover sobre una idea que le escuché ayer a Gabo, en una de las múltiples entrevistas que concedió a mediados de los noventa. Decía que si pudiera rechazaría la muerte de plano, pero dado su carácter inevitable, lo que le gustaría sería mirar la vida desde la muerte, “por un huequito”.

Claro de luna

No había duda. Bogotá se había anunciado en la niebla, mucho antes de que el aeródromo de El Dorado siquiera apareciera entre los potreros que lo circundan con la gama del verde. Para Vincent es una tortura viajar. Hacía cuatro minutos se lo había dicho a Anette: la gente más estresada del mundo es el pasajero que va o viene de un vuelo internacional; y se comprueba en su culo aplastado, el pelo un tanto indócil, la ropa arrugada de haber maldormido y la manifiesta desconfianza hasta con la gente de Migración.

No había duda. Bogotá se había anunciado en la niebla, mucho antes de que el aeródromo de El Dorado siquiera apareciera entre los potreros que lo circundan con la gama del verde. Para Vincent es una tortura viajar. Hacía cuatro minutos se lo había dicho a Anette: la gente más estresada del mundo es el pasajero que va o viene de un vuelo internacional; y se comprueba en su culo aplastado, el pelo un tanto indócil, la ropa arrugada de haber maldormido y la manifiesta desconfianza hasta con la gente de Migración. Allí estaban, justamente, haciendo fila para el control de pasaporte y aduana.

El flautista de Hamelín

Atraído —como una rata— visité esta población cuyo territorio es de apenas 102 kilómetros cuadrados. Detrás de las montañas Weserbergland, se alzaba en la noche un río de luces. Como todas las ciudades alemanas, Hamelín no lo es por el tamaño de su superficie, ni por el número de sus habitantes, sino por derechos de antigüedad y tras haber constituido en tiempos antiguos su propio mercado público.

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El cuento de los hermanos Grimm es ampliamente conocido. Narra la historia de un flautista y su instrumento mágico que hechiza por igual a los ratones y a los niños. La trama se asocia con la tierna infancia y con los peligros de no pagar las deudas —tema bastante cimentado en los alemanes—.
Lo que se ignora, en algunos casos, es que se trata de un hecho histórico: el rapto de 130 niños de Hamelín, región de Baja Sajonia, noroccidente de Alemania.

El sabor de una uva salada

Ricardo Piglia habla sobre Borges dice que los narradores se paran y explican con todas las posibilidades del lenguaje

Se ha acabado el whisky
y escucho la voz de Piglia,
murió el seis de enero de este año,
habla con una leve indignación,
la convicción de una vasta literatura.
Tengo un vino de California,
lo he comprado ayer en Bremen.
Sé que terminaré bebiéndolo,
puede que a medias o la botella completa.
Ricardo Piglia habla sobre Borges.
Dice que los narradores se paran y explican
con todas las posibilidades del lenguaje:
mi habitación cada vez se parece más a una celda,
las cortinas abajo,
el aire quedo,
las botellas amontonándose en una mesa y en el piso.
Los libros abren la puerta;

La anatomía irreversible

Mis niños dormían en el cuarto con su madre. Seguramente mi mujer soñaba que yo regresaba a casa y que me metía debajo de las sábanas para dormir, acariciándola como acostumbraba casi todas las noches.

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El principio esperanza

El rumor de lluvia entraba por la ventana entreabierta, no incomodaba el sueño. Además del goteo incesante contra los cristales, el alféizar y la vegetación del jardín, no se escuchaba más que el tic tac del reloj de pared que avanzaba decidido, trémulo. Un grito ahogado de mujer interrumpió la madrugada.

El rumor de lluvia entraba por la ventana entreabierta, no incomodaba el sueño. Además del goteo incesante contra los cristales, el alféizar y la vegetación del jardín, no se escuchaba más que el tic tac del reloj de pared que avanzaba decidido, trémulo. Un grito ahogado de mujer interrumpió la madrugada.
—¿¡Carajo!.. qué es lo que pasa?—dijo Rober, sobresaltado, encendiendo la lampara cúbica de su mesa de noche y girando para verle la cara a su pareja.
Ella estaba sentada en la cama, desnuda de la cintura para arriba, el corazón todavía pulsaba rápidamente.

Duermevela

Oscilaba ese verano entre Madrid y Sevilla, a veces entre Madrid y Huelva, hice seis recorridos en autocar, cada uno de unas seis horas en promedio (aunque el primero duró siete), la distancia también era más o menos la misma, algo más que unos 600 kilómetros, esos viajes en bus, recorriendo llanuras áridas en el año 2014, a veces vuelven a mí en sueños, sobre todo cuando no puedo dormir, lo cual no es tan frecuente, pero sucede, claro, y entonces pienso en la ligera claustrofobia que sentía...

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Oscuridad mediante

Ahora que estoy sobrio dudo. La cara de Iris se me antoja difusa, inacabada. La estuve esperando anoche, aunque sabía que no iba a llegar, mucho menos que se le ocurriría llamarme.

I

Ahora que estoy sobrio dudo. La cara de Iris se me antoja difusa, inacabada. La estuve esperando anoche, aunque sabía que no iba a llegar, mucho menos que se le ocurriría llamarme.

Unbennant

No quedaba mucha luz en el cielo. La lluvia de verano tampoco hacía más fácil el tránsito. Brunet notó el incesante movimiento de los pájaros, se escondían algunos, otros parecían celebrar el tímido aguacero con alegre ambivalencia.

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Tú tan tranquila

—Ellos no están molestos por tener arcadas y haber llenado el piso con su cena, o no del todo—se acomoda su chaqueta de jeans María Piedad—, lo que les ha molestado fue lo que dijiste.

—El que habla pierde— dice Tina, sentada en uno de los cuatro sillones rojos. Revisa entre sus cosas, busca un cigarrillo de marihuana que esté, de milagro, en el fondo de su bolso.
—¿De qué demonios hablas? Roberto y Daniela te escucharon perfectamente—apunta María Piedad, mirando el jardín afantasmado, al fondo la ría se funde, apenas alumbrada, con el negro cielo.
—Bueno, pero una dice todo tipo de tonterías cuando está elevada—se acomoda sus gafas de sol, se quita el sombrero Tina—. Además, que les den por el culo a ambos. Para empezar no debieron decir que sí.

Se te ha vuelto costumbre

Los escuchas atentamente, detallando sus intenciones, tu pelo cobrizo recogido, pero en el pasillo, en nuestro momento, como casi siempre, miraste con todos tus sentidos hacia el corredor, se te ha vuelto costumbre cruzarte conmigo.

No me quedan sino unas cuantas formas,
la sombra de unos soles.
Soñé que despertaba para escribir nuestra historia,
el reflejo aún era nítido, el sueño claro y yo esbozaba esa vida en paralelo,
había dos testigos,
y la libreta en que escribía se dejaba pintar de palabras azules que nunca más recordaré.

He despertado sin una miserable línea escrita.
Conduje hacia tus ojos pequeños,
los tuyos apenas me miraron.
Intentabas seguir con la charla que sostenía, con desesperación, aquel chico árabe.

Últimamente tienes un séquito de muchachos que sólo miran hacia los dioses,

Solamente una fábrica

Es la caricia que no dimos y que vibra en el fondo de una frustración. Un eclipse de frío, una marejada de adioses. Es el tiempo.

Nada me gustaría más que tener tiempo de sobra para migrar hacia tu humanidad suave, hacia tus rojos santuarios.

He sabido lo que es el trabajo en una fábrica silente, la elegía de un planeta de creaciones inútiles.

No vivo un segundo sin alunizar entre los templos que otros construyeron.
Me he entregado a la deriva de unos brazos que han sabido besar y que han hecho que pierda la cuenta de mis recuerdos.

El vaivén ha cobrado lo que no hicimos, ha recorrido la piel de los trapecistas que éramos.

Nos abrió la puerta de una desventura que no lo era tanto.

No es una chica

Tenía puestas unas gafas de sol más oscuras que su conciencia. No quería que nadie viese que había llorado de felicidad.

Tenía puestas unas gafas de sol más oscuras que su conciencia.
No quería que nadie viese que había llorado de felicidad
llevando a su hijo al jardín.

Salió a fumar un cigarrillo
con los lentes aún puestos.
Revisaba sus mensajes,
eliminaba la mayoría.

Es una mujer delgada,
segura,
muy lejos de la chica incierta que sonreía como tonta para agradar hasta a la gente del correo.
No sé absolutamente nada de ella.
Tan sólo reconozco su nombre de tres palabras: Anna Maria Möller.

Nada admite, aunque nos hemos saludado.

El color del tiempo

A ellas las he visto posando sobre las blancas arenas del mediterráneo, acompañadas de amigas cuyas miradas son menos ingenuas.

Pregunto quiénes son los cabrones que abren las piernas de las dulces modelos que apenas nos miran.
Quiénes les rompen el corazón con mentiras abyectas.

A ellas las he visto posando sobre las blancas arenas del mediterráneo,
acompañadas de amigas cuyas miradas son menos ingenuas.

Quiénes son los miserables que ocupan el lugar de los que somos por defecto más contemplativos, más antiguos, y por ello menos inocentes.

Serán chicos de sus edades o corruptos mayores.
El azar cómplice las entrega en primeras experiencias irrelevantes, pero indelebles.

La calidez

— Deberías enamorarte, Fran. — Sí, me gustaría— dijo Fran, reprimiendo un suspiro—. ¿Pero de quién? — Pues de mí— apuntó Johana. Se habían conocido trabajando en la vieja revista que únicamente leían los jubilados cuyo principal objetivo era morir con honesta dignidad. Nunca se vieron como una pareja.

— Deberías enamorarte, Fran.
— Sí, me gustaría— dijo Fran, reprimiendo un suspiro—. ¿Pero de quién?
— Pues de mí— apuntó Johana.
Se habían conocido trabajando en la vieja revista que únicamente leían los jubilados cuyo principal objetivo era morir con honesta dignidad.
Nunca se vieron como una pareja.

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Imagen de apsinuco

Periodista y escritor colombiano.
Participante del Pen Club Colombia de Escritores. Trabajó durante ocho años como editor y periodista en el periódico El Universal, de Cartagena de Indias. Además desarrolló el programa de UdeC Radio 'Trovadores' de la Universidad de Cartagena, musical especializado del cual es director y realizador. Fue ponente en 2015 de la Tercera Edición de la Conferencia Internacional de la Ética en la Comunicación, de Sevilla, España, con la comunicación escrita titulada 'El concepto de la ética en la obra de Gabriel García Márquez'. Trabajó en 2014 como Asesor de Prensa en la Universidad Internacional de Andalucía (UNÍA), de España.
Tiene un diplomado en Formación Pedagógica de la Universidad de Cartagena, institución de la cual es egresado del programa de Comunicación Social y Periodismo.