Nadie va a venir a salvar a Cartagena

16/03/2018 - 15:38

Un grupo de turistas me mira con reproche al verme cruzar un semáforo en rojo. Decidí no volver a hacerlo y ahora los cartageneros me miran con ojos de reproche al ver que no me cruzo en rojo."

 

Cartagena parece la ciudad de un mundo de superhéroes estadounidenses. Esas en las que el caos reina por doquier, en todas las esferas sociales, y en las que la gente espera que el gran protagonista, con capa y máscara, tenga la fórmula para rescatar a todos de las tinieblas.

Pobreza, delincuencia y corrupción son algunos de los males que aquejan a la capital bolivarense, una ciudad que en los últimos años parece congelada en el tiempo a causa de una crisis política que la hace naufragar.

Basta con mirar los resultados de la última encuesta de percepción ciudadana de Cartagena Cómo Vamos para entender que las esperanzas por ver a Cartagena como un buen vividero se agotan. (Lea más sobre Cartagena cómo vamos 2018)

La gente dice estar cansada de las basuras, no cree en el alcalde ni en el Concejo, ha dejado de usar Transcaribe, va menos a playa y ni en el barrio se siente segura.

Reconocer los problemas propios es un buen punto de partida para corregirlos. Lo difícil es lograr un cambio si esos problemas se atribuyen al otro. En Cartagena todo parece culpa del otro y nadie se reconoce culpable de nada.

¿Cómo esperan los cartageneros resolver sus problemas? Con el superhéroe que gane las elecciones y cambie a la sociedad con su fórmula especial.

Eso se percibe en el lenguaje y con los vientos electorales que se respiran en este arranque de marzo. A diferencia de otras ciudades, en Cartagena se realizan campañas para tres tipos de elecciones: las de Congreso (recién pasadas), Presidencia y Alcaldía.

Los foros y puntos de debate hablan de que los ciudadanos deben saber elegir a ese especie de mesías capaz de enderezar el rumbo y cambiar el caos que nos gobierna desde que tenemos memoria. Un montón de candidatos, de los que nadie sabe nada hasta que entran en campaña, se presentan como esos mesías.

Y aunque saber elegir a quien gobierne de forma correcta es fundamental, esperar a que los problemas desaparezcan a partir de su gestión es una inocentada, pues como bien dice el dicho, los dirigentes no son más que el espejo de las sociedades que representan.

¿Cómo se hace? Empiece a ser cívico, mínimamente cívico. El bienestar general es un compromiso de todos.", Jaime Garzón

Es por eso que para cambiar la estructura social debemos cambiar nosotros primero. El gran problema de Cartagena son los cartageneros. Su cultura y su falta de identidad que impide que todos se definan como un grupo de costumbres homogéneas.

En ocasiones le he preguntado a algunos amigos o conocidos sobre qué puede sentirse orgulloso un cartagenero y el resultado, de momento, es que son pocas las cosas en común.

Aunque la falta de orgullo pueda infravalorarse al analizar la situación de Cartagena -hay problemas mayores-, la identificación con su propia ciudad es un elemento distintivo de las grandes urbes del país. Ejemplo son los habitantes de Medellín, Barranquilla o Cali.

Pero en Cartagena falta ese sentido de propiedad que hace que pocos sufran por la dejadez que se respira en las calles. “No asumimos porque esto no es mío, no hay cultura de la propiedad… No tenemos una conciencia colectiva. Tenemos una posición cómoda e individual ante la vida. El problema soy yo, me salvo yo y el resto friéguese.”, son frases de Jaime Garzón al hablar de Colombia en la década del 90 que hoy se mantienen vigentes, sobre todo, en Cartagena.

¿Cuántas personas se quejan porque las autoridades no hacen los trabajos para impedir que los caños se desborden durante los periodos de lluvias, pero lanzan basuras a las calles? ¿Cuántos hablan de las imprudencias de los mototaxistas, los taxistas o conductores de busetas, pero al cruzar a pie una calle nunca esperan a que el semáforo cambie a verde? ¿Cuántos se quejan de las inconsistencias de Transcaribe, pero se empujan, saltan al otro o no ceden las sillas azules a quienes en realidad las necesitan? ¿Cuántos exigen cambios, pero no están dispuestos a cambiar?

La estabilización política es un paso para que el devenir de la ciudad recobre el rumbo correcto. Saber elegir al futuro alcalde y al futuro presidente será un primer paso en ese camino (En Congreso se reeligieron la mayoría de los mismos), pero el verdadero cambio está en los detalles del comportamiento propio.

Este país entiende que el desarrollo es cemento... ¿Para qué queremos 8 vías si nos agredimos?", Jaime Garzón.

Hace una semana caminaba por el Centro Histórico. Al ver que no venían buses de Transcaribe crucé de la Plaza de la Paz al Camellón de los Mártires con el semáforo en rojo, como un montón de personas. De repente me crucé con la mirada de reproche de un grupo de turistas cuya cara evocaba el retraso civil que tenemos con otras partes del mundo.

Desde entonces decidí hacer el ejercicio de respetar los semáforos peatonales y son los cartageneros quienes me miran ahora con ojos de reproche al ver que no cruzo la calle.


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