Cartagena de indias - Colombia
Sábado 18 Noviembre de 2017

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El día en que Kalamarí sonó.

A lo largo de casi una década negros cimarrones, criollos artesanos e indígenas diezmados, esperaron pacientes la llegada del momento preciso para alzar al unísono la voz cantante de un pueblo ya agotado ante la tiranía de un imperio en decadencia que escribía, con sangre y sevicia, el destino de su territorio.
Pactaron en silencio los acuerdos con su libertad; ajustaron los cueros de sus tambores, afilaron las puntas de sus flechas y eligieron, con suma cautela, cada una de las plumas que adornarían la ocasión. Nada sabían de la suerte de sus vecinos; para Kalamarí sólo había agua, inquisición y oscuridad.
Pero ese noviembre de 1811, los cimarrones sonríeron desde sus trincheras; bebieron las libaciones de las indígenas que cultivaban matarratón y toronjil a escondidas, en las huertas de sus amas eapañolas y escucharon -por última vez- los consejos rancios bien intencionados de los criollos que se le sumaron: Sabían que la batalla era inminente, que la guerra no era su fuerte sólo por conocer, de antemano, que la victoria estaría de su lado setenta veces siete; que los pueblos eran libres aún en la decadencia de la colonia.
Es por eso que el grito del más mercenario animó los cueros y hasta los cánticos; su alarido de presencia y libertad retumbó en cada rincón de Kalamarí hasta las mismas puertas de ketzacoatl, e inauguró el avance guerrero hacia la victoria inminente de la liberación que hoy convierte, a Cartagena de indias, en el primer pueblo libre de América mestiza.

Y así es que, con cada comparsa y cada baile, con cada falda agitándose al vaivén de la gaita y el redoblante; con cada buscapié y cada deshidratado, Cartagena de Indias evoca un eslabón de la cadena que va rompiéndose. Si prestamos atención y escuchamos bien, en cada baile y cabildo, en cada bando y comparsa, se escucha el alarido de victoria que retumbará siempre, como prueba inexorable de un pueblo que trascendió, desde siempre, a sus opresores.
Bienvenido, Noviembre.

Ficción.

Tania del Pilar Sanabria Forero

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Tengo la edad de mis sobrinos; eso implica que todo lo que soy se lo debo al influjo de su energía. Llevo a cuestas el aroma de la marea en mi ciudad. Abogada udeceista en la libre decisión del ejercicio ocasional. Poetisa de nacimiento. Alevino de escritora. Genero contenidos por encargo.